Salmo 91 — Al amparo del Altísimo
Qui habitat
Antes de dormir, en el miedo y en el peligro
Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti».
Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás: su brazo es escudo y armadura.
No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía.
Porque el Señor es tu refugio, has hecho del Altísimo tu defensa. No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
«Se abrazó a mí: yo lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre; me invocará y le responderé; estaré con él en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré».
De dónde viene
La Iglesia lo reza cada domingo por la noche, al cerrar la semana. Es el salmo del miedo vencido: el mismo que el demonio citó a Jesús en el desierto, y que Él respondió con la confianza, no con el desafío.
Fuente Salmo 91 (90) · Liturgia de las Horas, Completas del domingo
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
El Salmo 91 es el salmo del amparo, el que la Iglesia reza cada domingo por la noche antes de dormir. Va nombrando los miedos uno por uno, los de la noche y los del día, y a cada uno le opone la misma imagen: un ave que cubre a sus crías con las alas. En los últimos versos habla Dios y no promete evitar la tribulación, sino estar dentro de ella. Fue también el salmo que el tentador citó a Jesús en el desierto.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Tú que habitas al amparo del Altísimo»
La Iglesia reza este salmo cada domingo por la noche, en Completas, y es el salmo propio de la primera semana de Cuaresma. Su tema es uno solo: dónde se está seguro.
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«Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás»
La imagen no es la de un águila, sino la de un ave que cubre a sus crías. Jesús la usó llorando sobre Jerusalén: «Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas» (Mateo 23, 37).
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«No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día»
El salmo enumera los miedos por horas: los de la noche y los del día, los que se ven y los que no. Nombrarlos uno a uno es parte del remedio; el miedo sin nombre crece más.
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«porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos»
Es el versículo que el tentador citó a Jesús en el desierto para empujarlo a arrojarse del templo (Mateo 4, 6). Jesús no negó el salmo: se negó a usarlo para forzar a Dios. Confiar no es poner a prueba.
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«estaré con él en la tribulación»
En los últimos versos habla Dios mismo, y no promete evitar la tribulación: promete estar dentro de ella. Es la diferencia entre un seguro y una compañía.
La escena en el Evangelio Mateo 4, 5-7
Después de ser bautizado, Jesús es llevado al desierto y allí ayuna cuarenta días. El tentador se le acerca y, en la segunda prueba, usa contra él la Escritura, citando precisamente este salmo:
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Mateo 4, 5-7
El tentador cita bien el salmo, y aun así lo usa mal: quiere convertir una promesa de protección en una prueba a la que someter a Dios. Jesús responde con otra palabra de la Escritura. Confiar en el Salmo 91 no es buscar el peligro, sino atravesarlo sin miedo cuando llega.
Para rezarla hoy Hoy, si algo te da miedo, ponle nombre en voz baja y después reza este salmo.