Oración de la noche
Nunc dimittis
Antes de dormir
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oremos: Visita, Señor, esta casa; aleja de ella las asechanzas del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
De dónde viene
El cántico del anciano Simeón, que al tener en brazos al Niño supo que ya podía morir en paz. La Iglesia lo reza cada noche en Completas: entregar el día terminado es un pequeño ensayo de la muerte serena.
Fuente Lucas 2, 29-32 · Liturgia de las Horas, Completas
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
La oración de la noche es el cántico del anciano Simeón, que al tener en brazos al Niño Jesús supo que ya podía morir en paz, seguido de una petición de protección para la casa donde se duerme. La Iglesia la reza cada noche en Completas, la última hora del día, y con ella los monasterios entran en silencio hasta la mañana. Entregar el día terminado es un pequeño ensayo de entregar la vida.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz»
Son las palabras de un anciano al que se le había prometido que no moriría sin ver al Mesías. Por su primera palabra latina se llama «Nunc dimittis». Rezarlas cada noche es aprender a soltar el día como quien aprende a soltar la vida.
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«porque mis ojos han visto a tu Salvador»
Simeón no ve a un rey ni a un ejército: ve a un recién nacido en brazos de una madre pobre, y le basta. Lo que pedía era ver, y con eso queda cumplido.
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«luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel»
El anciano abre la salvación a todos los pueblos, no solo al suyo. De esta frase viene la costumbre de llevar velas encendidas el 2 de febrero, fiesta de la Presentación, llamada popularmente la Candelaria.
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«Visita, Señor, esta casa; aleja de ella las asechanzas del enemigo»
La oración final de Completas pide protección para el lugar donde se duerme. El sueño deja indefenso, y la Iglesia no lo disimula: pide ángeles que guarden la casa.
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«que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz»
Completas es la última hora del día en la Liturgia de las Horas, y con ella los monasterios cierran el silencio nocturno. Después de esta oración ya no se habla hasta la mañana.
La escena en el Evangelio Lucas 2, 25-32
Cuarenta días después del nacimiento, María y José llevan al niño al templo de Jerusalén para presentarlo, como mandaba la Ley. Allí vive un anciano al que el Espíritu había prometido algo:
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Lucas 2, 25-32
Simeón esperó toda la vida y lo que recibe es un niño de cuarenta días. No pide nada más. La Iglesia pone estas palabras al final de cada jornada porque enseñan a terminar: con lo recibido, sin exigir el resto.
Para rezarla hoy Hoy, antes de dormir, repasa el día en un minuto, da gracias por una sola cosa y reza esta oración.