El rey David arrepentido, con la corona en el suelo

Salmo 51 — Misericordia, Dios mío

Miserere mei, Deus

Como penitencia, los viernes y en Cuaresma

Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh Dios, no lo desprecias.

De dónde viene

El más célebre de los siete salmos penitenciales. La tradición lo pone en labios del rey David después de su pecado con Betsabé. La Iglesia lo reza en Laudes todos los viernes del año.

Fuente Salmo 51 (50) · Liturgia de las Horas, Laudes de los viernes

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El Salmo 51, llamado Miserere, es el gran salmo del arrepentimiento y el que la Iglesia reza todos los viernes y durante la Cuaresma. La tradición lo pone en labios del rey David después de su pecado más grave. No busca excusas en ningún verso: reconoce, pide un corazón nuevo y termina con una idea que cambió la religión antigua, que lo único que se puede ofrecer a Dios es un corazón roto, y que eso él no lo desprecia.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Misericordia, Dios mío, por tu bondad»

    Se llama «Miserere» por su primera palabra latina. Es el más conocido de los siete salmos penitenciales, y la tradición lo pone en boca del rey David después de su pecado con Betsabé (2 Samuel 12).

  2. «Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado»

    No hay excusas ni circunstancias atenuantes en todo el salmo. Reconocer es la primera palabra del perdón: mientras se discute la culpa, no hay nada que perdonar.

  3. «Contra ti, contra ti solo pequé»

    Sorprende, porque David había hecho daño a personas concretas. Pero el salmo mira más hondo: todo mal hecho a otro hiere también a Dios, que lo hizo. Jesús dirá lo mismo al revés: «A mí me lo hicieron» (Mateo 25, 40).

  4. «Oh Dios, crea en mí un corazón puro»

    El verbo «crear» en hebreo es «bará», el mismo del primer versículo del Génesis, y solo se usa para lo que hace Dios de la nada. El salmo no pide una reparación: pide empezar de nuevo.

  5. «Devuélveme la alegría de tu salvación»

    Lo que echa de menos no es la buena conciencia, sino la alegría. El pecado, dice el salmo sin decirlo, entristece antes que condenar.

  6. «Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh Dios, no lo desprecias»

    El final da la vuelta a toda la religión de los sacrificios: lo único que se puede ofrecer es el propio corazón roto, y eso Dios no lo desprecia. Es de los versos más citados por los Padres de la Iglesia.

La escena en el Evangelio 2 Samuel 12, 7. 9. 13

David, ya rey, ha tomado a la mujer de Urías y ha hecho matar a su marido en el frente. El profeta Natán viene a verlo y le cuenta la historia de un rico que robó la única oveja de un pobre. David se indigna y pide castigo para ese hombre:

Natán dijo a David: «Ese hombre eres tú. Así dice el Señor, Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te di la casa de tu señor y todo lo que tenía. ¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo que él reprueba?». David dijo a Natán: «He pecado contra el Señor». Natán respondió a David: «También el Señor ha perdonado tu pecado: no morirás».

2 Samuel 12, 7. 9. 13

David condena el caso con dureza hasta que descubre que el caso es el suyo. Y entonces no discute: dice cuatro palabras. El perdón llega en la frase siguiente. Este salmo es lo que la tradición pone en su boca a partir de ese momento.

Para rezarla hoy Hoy, si te pesa algo, lee este salmo entero en voz baja sin añadir explicaciones ni excusas.