Rosario de los Siete Dolores de la Virgen María
Preparando la corona…
Preparando la corona…
Sobre el Rosario de los Siete Dolores
El Rosario de los Siete Dolores
También llamado Corona Servita, es una oración contemplativa nacida en el siglo XIII con la Orden de los Siervos de María: mientras se repiten las Avemarías, el corazón acompaña a la Virgen en los siete momentos en que la espada anunciada por Simeón atravesó su alma. Se reza en siete septenas — siete grupos de siete Avemarías, uno por dolor — y se cierra con tres Avemarías en honor de sus lágrimas. Aquí lo rezas guiado paso a paso, con voz si quieres, y el santuario recuerda dónde quedaste.
Cómo se reza
- Señal de la Cruz — Se abre el rezo signándose con la señal de la Santa Cruz.
- Acto de contrición — Se pide perdón a Dios con el acto de contrición, para contemplar los dolores con el corazón limpio.
- Ofrecimiento — Se ofrece la corona a la Virgen Dolorosa, pidiendo un corazón compasivo.
- Siete septenas — En cada septena se anuncia y contempla uno de los siete dolores de María, y se rezan un Padre Nuestro, siete Avemarías y la jaculatoria «Santa Madre, haz que las llagas del Señor se graben en mi corazón».
- Tres Avemarías — Terminadas las siete septenas se rezan tres Avemarías en honor de las lágrimas de la Santísima Virgen.
- Oración final — Se concluye con el versículo «Ruega por nosotros, Virgen Dolorosísima» y la oración de Nuestra Señora de los Dolores.
- Señal de la Cruz — Se cierra la corona signándose de nuevo.
Los siete dolores de María
Contemplamos, uno a uno, los siete momentos en que la espada anunciada por Simeón atravesó el corazón de la Madre.
- La profecía de Simeón · Lucas 2, 34-35
- La huida a Egipto · Mateo 2, 13-15
- La pérdida del Niño en el Templo · Lucas 2, 41-50
- El encuentro de María con Jesús camino del Calvario · Lucas 23, 26-31
- María al pie de la Cruz · Juan 19, 25-27
- María recibe en sus brazos el cuerpo de su Hijo · Marcos 15, 42-46
- La sepultura de Jesús · Juan 19, 40-42
Las oraciones de la corona
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser tú quien eres, bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Ayudado de tu gracia, propongo firmemente enmendarme y apartarme de todo lo que me aparta de ti. Amén.
Ofrecimiento
Virgen Dolorosa, Madre mía, te ofrezco esta corona de tus siete dolores. Acompáñame a contemplar, uno a uno, los momentos en que la espada anunciada por Simeón atravesó tu corazón, y alcánzame de tu Hijo un corazón compasivo, capaz de sostenerse en pie junto a los que sufren.
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Santa Madre
Santa Madre, haz que las llagas del Señor se graben en mi corazón.
Oración final
V. Ruega por nosotros, Virgen Dolorosísima. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Oremos: Señor Jesús, que en la hora de tu Pasión quisiste que tu Madre estuviera de pie junto a la cruz para compartir contigo el dolor de la redención: concédenos, por su intercesión y sus lágrimas, acompañar tus sufrimientos con un corazón compasivo, para alcanzar contigo el consuelo de tu resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Las promesas de la Virgen
La tradición servita recoge siete gracias que la Santísima Virgen prometió — según una revelación atribuida a santa Brígida — a quienes la acompañen cada día meditando sus dolores:
- Concederé la paz a sus familias.
- Serán iluminados en los misterios de Dios.
- Los consolaré en sus penas y los acompañaré en sus trabajos.
- Les daré cuanto me pidan, mientras no se oponga a la voluntad de mi Hijo ni a la santificación de sus almas.
- Los defenderé en los combates espirituales y los protegeré en cada instante de su vida.
- Los asistiré de modo visible en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre.
- He alcanzado de mi Hijo que quienes propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores encuentren en Él y en mí su consuelo eterno.
Esta corona se reza especialmente el 15 de septiembre — memoria de Nuestra Señora de los Dolores —, el Viernes de Dolores y cada viernes del año, aunque puede rezarse en cualquier momento.