El Buen Pastor lleva sobre los hombros a la oveja perdida

Salmo 23 — El Señor es mi pastor

Dominus regit me

En la enfermedad, el duelo y la noche del alma

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

De dónde viene

El salmo más querido de la Escritura. Lo reza la Iglesia en los funerales y junto a los enfermos: no promete que no habrá cañadas oscuras, promete que en ellas no vamos solos.

Fuente Salmo 23 (22) · Liturgia de las Horas · Misa de difuntos

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El Salmo 23 es el más conocido de todos, y el que se lee en los funerales, en los hospitales y en las noches malas. Empieza afirmando que quien guía basta, describe el cuidado de un pastor que lleva al rebaño hasta el agua quieta y, al llegar al peligro, deja de hablar de Dios para hablarle a él. Termina en una casa donde quedarse. Jesús lo aplicó a sí mismo, y añadió que el buen pastor da la vida por las ovejas.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «El Señor es mi pastor, nada me falta»

    El salmo más conocido del salterio empieza con una afirmación, no con una petición. «Nada me falta» no significa tenerlo todo: significa que quien guía basta.

  2. «en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas»

    Un pastor de Israel sabía que la hierba verde y el agua quieta no se encuentran solas en aquella tierra seca: hay que llevar allí al rebaño. El verso describe cuidado, no paisaje.

  3. «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo»

    El punto exacto en que el salmo cambia: hasta aquí hablaba de Dios en tercera persona; desde el peligro, le habla de tú. En la dificultad, la oración se vuelve trato directo.

  4. «tu vara y tu cayado me sosiegan»

    Dos instrumentos distintos: la vara para defender del lobo, el cayado para enganchar y volver a traer a la que se aparta. Consuela que existan los dos.

  5. «Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos»

    Cambia la imagen: del campo al banquete. Y la mesa no se pone cuando el peligro ha pasado, sino delante de él. Los Padres de la Iglesia leyeron aquí la Eucaristía.

  6. «habitaré en la casa del Señor por años sin término»

    Termina en el lugar al que llevaba todo: no un prado ni una mesa, sino una casa. Es la palabra que usa Jesús al despedirse: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Juan 14, 2).

La escena en el Evangelio Juan 10, 11-15

Jesús habla ante gente que conocía bien los rebaños y sabía distinguir a un pastor de un asalariado. Aplica a sí mismo la imagen del Salmo 23 y añade algo que ningún pastor haría:

Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Juan 10, 11-15

Un pastor arriesga la vida por el rebaño, pero no la entrega: sin él, las ovejas están perdidas. Jesús dice que la da. Ahí el salmo deja de ser una imagen consoladora y se vuelve algo que ocurrió.

Para rezarla hoy Hoy, si estás pasando por una cañada oscura, reza este salmo y detente en «porque tú vas conmigo».