Adoración al Santísimo Sacramento

Preparando la adoración…

Guía completa de adoración Hora Santa, quince minutos con Jesús y oraciones eucarísticas

Adoración al Santísimo Sacramento

Esta guía reúne una Hora Santa en siete momentos, una meditación de quince minutos y las oraciones eucarísticas de la aplicación. Puedes rezarlas ante el Santísimo o usarlas para preparar una visita.

Hora Santa guiada

El recorrido completo dura aproximadamente una hora; en la guía interactiva los silencios se adaptan también a visitas de 15 o 30 minutos.

  1. 1. En tu presencia Exposición e invocación · 5 min

    Ponte en presencia de Jesús Sacramentado. Haz con calma la señal de la cruz e invoca al Espíritu Santo.

    Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Prepárame para adorar dignamente a mi Señor presente en este Sacramento.

    Haz un acto de fe, de esperanza y de caridad:

    Señor, creo que estás aquí, vivo y verdadero. Espero en tu misericordia. Te amo sobre todas las cosas. Quédate conmigo en esta hora.

  2. 2. Adoración Contemplar su grandeza · 10 min

    Adora a Jesús presente. Reconoce su grandeza y su amor escondido bajo el velo del Sacramento.

    Te adoro con profunda reverencia, Dios escondido, que verdaderamente te ocultas bajo estas apariencias. A Ti se rinde por entero mi corazón, porque, al contemplarte, todo él desfallece.

    Repite despacio, como un latido:

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Santo, Santo, Santo es el Señor. Jesús, mi Señor y mi Dios.

    Permanece ahora en silencio, sólo mirándolo y dejándote mirar por Él.

  3. 3. Desagravio Contrición y reparación · 10 min

    Examina tu conciencia con sencillez. Pide perdón y ofrece reparación por tus pecados y los del mundo.

    Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus santas llagas. Reparo las frialdades e ingratitudes con que es tratado tu amor en este Sacramento. Por todos los que te olvidan, quiero yo amarte.

    En silencio, entrégale aquello de lo que quieres ser sanado.

  4. 4. La Palabra Escuchar y meditar · 15 min

    Escucha al Señor en su Palabra. Lee despacio y deja que una frase te alcance el corazón.

    «Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
    Juan 6, 51
    «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.»
    Juan 6, 56

    Medita en silencio: ¿qué me dice hoy el Señor en su Palabra? Quédate con la frase que más te tocó.

  5. 5. Acción de gracias Gratitud por sus dones · 10 min

    Da gracias a Jesús por los dones recibidos: la vida, la fe, su presencia en la Eucaristía, las personas que amas.

    Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme.

    En silencio, nombra ante Él aquello por lo que más agradeces hoy.

  6. 6. Súplica Interceder por todos · 5 min

    Presenta al Señor las necesidades de la Iglesia y del mundo, y las tuyas propias.

    Por la santa Iglesia y el Papa; por la conversión de los pecadores; por la paz en el mundo; por los enfermos, los que sufren y los que agonizan; por los que no tienen quien rece por ellos. Escúchanos, Señor.

    Pon ahora ante Él, en silencio, a las personas que llevas en el corazón.

  7. 7. Bendición y cierre Tantum Ergo y alabanzas · 5 min

    Adora al Sacramento con el himno de la Bendición:

    Adoremos, pues, postrados, tan grande Sacramento; y la antigua figura ceda al nuevo rito; la fe supla la flaqueza de los sentidos. Al Padre y al Hijo sean alabanza y júbilo, salud, honor y bendición. Amén.

    V. Les diste pan del cielo. R. Que contiene en sí todo deleite.

    Oh Dios, que en este admirable Sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión: concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos siempre en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

    Bendito sea Dios. Bendito sea su santo Nombre. Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

    Antes de partir, encomiéndate a la Virgen María y lleva contigo un propósito concreto para hoy.

Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado

No eres tú quien reza ahora: es Jesús quien, desde el Sagrario, te habla al corazón. Avanza despacio, fragmento a fragmento, como si lo escucharas de sus propios labios.

  1. Háblame con sencillez

    No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.

    ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos.

  2. Pide con generosidad

    Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.

    Háblame así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado.

  3. Pide por los que amas

    Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa.

    Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?

  4. ¿Y para ti?

    Y para ti, ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia.

    Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente…; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales miserias.

  5. No te avergüences

    No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad…; y poco a poco se vieron libres de ellos.

  6. Pídeme lo de cada día

    Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación.

    Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte!

  7. Cuéntamelo todo

    ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente.

    ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué quieres que haga por tu hermano, por tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías hacer por ellos?

  8. ¿Y por Mí?

    ¿Y por Mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí?

  9. Soy dueño de los corazones

    Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito.

    ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place.

  10. Cuéntame tus tristezas

    ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado?

    Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

  11. No temas: contigo estoy

    ¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia.

    Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

  12. Ruega por quien se alejó

    ¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo?

    Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.

  13. Compárteme tu alegría

    ¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuer de buen amigo?

    Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón.

  14. Todo bien viene de Mí

    Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá has visto disipados negros recelos, quizá has recibido faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad, o salido de algún lance apurado.

    Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado.

  15. Dame gracias como un hijo

    ¿Por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: «¡Gracias, Padre mío, gracias!»?

    El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.

  16. ¿Tienes algo que prometerme?

    ¿Tampoco tienes promesa alguna para hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad.

    ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿De no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma?

  17. Vuelve a ser dulce

    ¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como enemiga?

  18. Vuelve a tus ocupaciones

    Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio…; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario.

  19. Vuelve mañana

    Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio.

    En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

Oraciones eucarísticas

O Salutaris Hostia Himno de exposición · Sto. Tomás de Aquino

Oh víctima de salvación, que abres la puerta del cielo: nos acosan los enemigos, danos fuerza, tráenos tu auxilio. Al Señor, uno y trino, sea gloria sempiterna; que nos dé vida sin término en la patria celestial. Amén.

En latín

O salutaris Hostia, quae caeli pandis ostium: bella premunt hostilia, da robur, fer auxilium. Uni trinoque Domino sit sempiterna gloria, qui vitam sine termino nobis donet in patria. Amen.

Tantum Ergo Himno de la Bendición · Sto. Tomás de Aquino

Adoremos reverentes al Señor Sacramentado, cante el rito del presente, superior al del pasado; nuestros ojos lo contemplan con filial y humilde fe. Gloria al Padre, gloria al Hijo, y al Espíritu Señor; al Dios Santo, uno y trino, alabanza y bendición; suba al cielo en testimonio el incienso del amor. Amén.

En latín

Tantum ergo Sacramentum veneremur cernui: et antiquum documentum novo cedat ritui: praestet fides supplementum sensuum defectui. Genitori, Genitoque laus et iubilatio, salus, honor, virtus quoque sit et benedictio: procedenti ab utroque compar sit laudatio. Amen.

Alabanzas de Desagravio Bendito sea Dios

Bendito sea Dios. Bendito sea su santo Nombre. Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Bendito sea el Nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón. Bendita sea su Preciosísima Sangre. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima. Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción. Bendita sea su gloriosa Asunción. Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. Bendito sea San José, su castísimo esposo. Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

Sea por siempre bendito y alabado Aclamación de la Bendición · Salmo 116

Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del altar. Alaben al Señor, todos los pueblos, todas las naciones lo celebren, porque es grande su misericordia con nosotros, y la fidelidad del Señor dura para siempre.

Alma de Cristo Anima Christi

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.

Visita al Santísimo San Alfonso María de Ligorio

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tienes a los hombres permaneces noche y día en este Sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: te creo presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por cuantas mercedes me has hecho, especialmente por haberte quedado conmigo en este Sacramento, por haberme dado por abogada a tu Santísima Madre María y por haberme llamado a visitarte en este templo. Quiero, Señor, amarte con todo mi corazón; me pesa de haberte ofendido, y propongo, con tu gracia, no ofenderte más. Amén.

Acto de Desagravio Reparación al Corazón Eucarístico

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus santas llagas. Te ofrezco, Señor, mi adoración en reparación de las frialdades, irreverencias e ingratitudes con que es tratado tu amor en este Sacramento. Por todos los corazones que te olvidan, quiero yo amarte; por todas las almas que no te adoran, quiero yo adorarte. Corazón Eucarístico de Jesús, ten misericordia de nosotros. Amén.

Comunión espiritual San Alfonso María de Ligorio

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti; no permitas que jamás me separe de Ti. Amén.