El padre abraza al hijo pródigo que vuelve a casa

Acto de contrición

En la confesión y al examinar la conciencia cada noche

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser tú quien eres, bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Ayudado de tu gracia, propongo firmemente enmendarme y apartarme de todo lo que me aparta de ti. Amén.

De dónde viene

La Iglesia pide al penitente que exprese su dolor con sus propias palabras o con una fórmula como esta. Lo esencial no es recitarla bien, sino el arrepentimiento y el propósito de no volver a pecar.

Fuente Ritual de la Penitencia · Devocionario tradicional

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El acto de contrición es la oración del arrepentimiento, la que se reza en la confesión y al examinar la conciencia cada noche. Su frase decisiva es «por ser tú quien eres»: el dolor no nace del miedo al castigo, sino de haber ofendido a alguien bueno a quien se quiere. La Iglesia llama a eso contrición perfecta, y enseña que perdona ya desde ese momento, con el deseo de confesarse en cuanto se pueda.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero»

    Empieza nombrando a quién se dirige, y lo nombra entero: Dios y hombre. El arrepentimiento cristiano no se presenta ante una ley, sino ante una persona que también es hombre y sabe lo que cuesta.

  2. «por ser tú quien eres, bondad infinita»

    Aquí está el corazón de la oración y lo que la teología llama contrición perfecta: pesa haber ofendido no por miedo al castigo, sino por quién es el ofendido. Esa clase de dolor, dice el Catecismo (1452), perdona incluso antes de la confesión, con el deseo de confesarse.

  3. «y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido»

    El orden importa: primero el amor, después el pesar. Quien no quiere a nadie no puede arrepentirse de verdad; solo puede lamentar las consecuencias.

  4. «Ayudado de tu gracia, propongo firmemente enmendarme»

    El propósito de enmienda, que no es una promesa de no fallar nunca, sino la decisión sincera de intentarlo. Y no se hace a solas: «ayudado de tu gracia».

  5. «y apartarme de todo lo que me aparta de ti»

    La frase final va más lejos que el pecado cometido: apunta a lo que lo hace probable, las ocasiones y las costumbres. Es la parte que cuesta, porque toca la vida y no solo la conciencia.

La escena en el Evangelio Lucas 15, 20-24

Jesús cuenta la historia de un hijo que pidió su herencia, se fue lejos y lo perdió todo. Muerto de hambre entre los cerdos, decide volver y ensaya lo que va a decir. Esto es lo que pasa cuando llega:

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo». Pero el padre dijo a sus criados: «Saquen enseguida la mejor túnica y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado».

Lucas 15, 20-24

El padre lo ve cuando todavía está lejos, es decir, estaba esperando. Y echa a correr, algo impropio de un anciano respetable. El hijo ni siquiera termina el discurso que traía preparado. Así es a quien se dirige el acto de contrición.

Para rezarla hoy Hoy, antes de dormir, repasa el día un minuto y reza el acto de contrición sin apurar las palabras.