El publicano ora al fondo del templo sin atreverse a alzar los ojos

Yo confieso

Confiteor

Al comenzar la Misa y en el examen de conciencia

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. Amén.

De dónde viene

Fórmula del siglo XI que la Iglesia reza al empezar cada Misa. Al decir «por mi culpa» se golpea el pecho: un gesto que viene del publicano del Evangelio, que no se atrevía ni a levantar los ojos.

Fuente Misal Romano, acto penitencial

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El Yo confieso es la oración con que empieza la Misa, cuando todos, incluido el sacerdote, reconocen en voz alta que han pecado. Nombra cuatro terrenos: pensamiento, palabra, obra y omisión, y la última es la que suele olvidarse. Al decir «por mi culpa» se golpea el pecho, el mismo gesto del publicano del Evangelio. Y termina pidiendo a la Virgen, a los santos y a los que están al lado que intercedan.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos»

    Se confiesa ante Dios y ante los demás, en voz alta y en primera persona del singular, aunque se diga a la vez con todos. Nadie se esconde detrás del «nosotros».

  2. «que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión»

    Cuatro terrenos, y el cuarto es el que suele olvidarse: la omisión, lo que no se hizo. Buena parte del mal del mundo no se comete, se consiente.

  3. «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa»

    El «mea culpa» latino, dicho tres veces mientras se golpea el pecho. El gesto es antiquísimo: es el mismo del publicano del Evangelio, que no se atrevía ni a levantar los ojos (Lucas 18, 13).

  4. «Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos»

    Quien reconoce su culpa no se queda solo con ella: pide que otros recen por él. Es la comunión de los santos aplicada al momento más incómodo de la oración.

  5. «y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios»

    Termina pidiendo a los que están al lado, no solo a los del cielo. En la Misa esta oración se dice mirando hacia delante, pero va dirigida también a quien está en el banco de atrás.

La escena en el Evangelio Lucas 18, 10-14

Jesús cuenta una parábola dirigida a los que se tenían por justos y despreciaban a los demás. Dos hombres suben al templo a la misma hora:

Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo». El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; solo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador». Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Lucas 18, 10-14

Los dos rezan, y los dos dicen la verdad sobre sí mismos. La diferencia es que uno se compara y el otro no. El gesto de golpearse el pecho que hace el publicano es exactamente el que la Iglesia repite en cada Misa al decir «por mi culpa».

Para rezarla hoy Hoy, al repasar el día, pregúntate sobre todo por lo que no hiciste.