La Inmaculada Concepción: la Virgen María sobre la luna entre nubes luminosas

Bendita sea tu pureza

Al despertar y al acostarse; es la primera que se enseña a los niños

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

De dónde viene

Una décima española que hace cuatro siglos se aprende de memoria en la infancia y acompaña toda la vida. El Santuario de Luján la reza al cerrar su consagración a la Virgen.

Fuente Oración tradicional del ámbito hispano (s. XVII)

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

Es la primera oración que muchos aprenden de niños, y suele ser la última que se olvida. Nació en España en el siglo XVII, en verso, para que se pudiera recordar sin esfuerzo. No pide casi nada: bendice la pureza de María, le ofrece el día entero al empezarlo y solo al final le pide que mire y que no se vaya. Se reza al despertar y al acostarse.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea»

    La oración empieza bendiciendo, no pidiendo. «Pureza» aquí no se refiere solo a la virginidad: es la integridad de quien no tiene nada torcido dentro, lo que la Iglesia llama la Inmaculada Concepción.

  2. «pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza»

    «Se recrea» significa que se complace, que descansa mirando. Es el lenguaje afectuoso del Siglo de Oro español, y la razón que da: Dios mismo se alegra en ella.

  3. «A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María»

    Los versos son octosílabos con rima, la medida del romance castellano. Por eso se aprende de memoria sin esfuerzo: fue compuesta para que la recordaran los niños.

  4. «te ofrezco en este día alma, vida y corazón»

    El centro de la oración y su razón de ser matutina: no pide nada todavía, ofrece el día entero antes de que empiece. Es un acto de entrega, no de petición.

  5. «Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía»

    Solo al final pide, y pide lo mínimo: una mirada y una compañía. Muchos la rezan desde niños y siguen haciéndolo de ancianos, con las mismas palabras.

La escena en el Evangelio Mateo 18, 1-5. 10

Jesús está enseñando y los discípulos discuten quién es el más importante. En lugar de responder, llama a un niño y lo pone en medio:

En aquel momento, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el Reino de los cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «En verdad les digo que, si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más importante en el Reino de los cielos». «Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque sus ángeles están viendo continuamente en el cielo el rostro de mi Padre».

Mateo 18, 1-5. 10

Jesús no propone el candor de los niños como un adorno, sino como la condición para entrar. Por eso una oración sencilla, aprendida de memoria en la infancia, no es una oración menor: es exactamente la que él pide.

Para rezarla hoy Hoy, al abrir los ojos y antes de tomar el teléfono, reza esta oración y ofrece el día.