La Visitación: María e Isabel se encuentran ante la puerta de la casa

Magníficat

Magnificat anima mea Dominum

Cada tarde, en las Vísperas

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

De dónde viene

Es el cántico de la Virgen en casa de su prima Isabel: las únicas palabras largas que los Evangelios ponen en su boca. La Iglesia lo canta todas las tardes desde el siglo VI. Es también uno de los textos más revolucionarios del Nuevo Testamento.

Fuente Evangelio según san Lucas 1, 46-55 · Liturgia de las Horas, Vísperas

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El Magníficat es el cántico que María pronunció en casa de su prima Isabel, y es el texto más largo que los Evangelios ponen en boca de una mujer. La Iglesia lo canta cada tarde en las Vísperas desde el siglo VI. Empieza dando gracias porque Dios ha mirado a alguien pequeño, y sigue diciendo lo que Dios hace con el mundo: derriba a los poderosos, enaltece a los humildes y despide vacíos a los ricos.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Proclama mi alma la grandeza del Señor»

    La primera palabra latina, «magnificat», da nombre al cántico. María no habla de sí: empieza por Dios, y solo desde ahí se mira a sí misma.

  2. «porque ha mirado la humillación de su esclava»

    «Humillación» traduce una palabra que significa pequeñez y condición baja. La razón de la alegría no es que María fuera excelente, sino que Dios miró a quien nadie miraba.

  3. «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones»

    Dicho por una muchacha desconocida de una aldea sin importancia, en casa de su prima. Veinte siglos después, la frase se ha cumplido literalmente cada vez que alguien reza el Ave María.

  4. «dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes»

    El giro del cántico, y el más duro. Está en tiempo pasado, como si ya hubiera ocurrido: lo que Dios ha hecho en ella es la señal de lo que hace con la historia entera.

  5. «a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos»

    María no inventa estas palabras: recoge el cántico de Ana, la madre de Samuel (1 Samuel 2, 1-10), y la voz de los profetas. Es un texto de tal fuerza que en algunos países llegó a prohibirse su recitación pública.

  6. «acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres»

    Termina donde termina toda la Escritura: en la fidelidad de Dios a su promesa. Lo que pasa en el vientre de María es la continuación de algo empezado con Abrahán.

La escena en el Evangelio Lucas 1, 41-47

María acaba de recibir el anuncio del ángel y sale «deprisa» hacia la montaña, a casa de su prima Isabel, que espera un hijo en su vejez. Este es el saludo, y la respuesta:

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?». «Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava».

Lucas 1, 41-47

Isabel la llama dichosa por haber creído, no por ser madre. Y María responde con este cántico. El Magníficat no es una reflexión escrita a solas: es lo que dijo en el encuentro con otra mujer que también esperaba.

Para rezarla hoy Hoy, al atardecer, lee el Magníficat despacio y busca en tu vida algo pequeño que Dios haya mirado.