San Miguel Arcángel vence al dragón con la espada y la balanza

Oración a san Miguel Arcángel

En la tentación y en los momentos de lucha espiritual

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio.

Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, príncipe de la milicia celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

De dónde viene

León XIII la compuso en 1886 y mandó rezarla al final de cada Misa, costumbre que duró hasta 1964. San Juan Pablo II pidió en 1994 que se volviera a rezar: «aunque hoy ya no se recite al término de la celebración eucarística, invito a todos a no olvidarla».

Fuente Compuesta por el papa León XIII (1886)

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

La oración a san Miguel la compuso el papa León XIII en 1886 y durante casi ochenta años se rezó al terminar cada Misa. Es una oración de lucha, pero construida con cuidado: no manda al demonio, se lo pide a Dios, y recuerda dos veces que el arcángel actúa con un poder recibido. Su nombre mismo es una pregunta en hebreo: «¿Quién como Dios?». Se reza en la tentación y en los momentos difíciles.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla»

    Su nombre, en hebreo, es una pregunta: «Mi-ka-El», «¿Quién como Dios?». No afirma poder propio; lo niega para todos los demás. Es la respuesta al orgullo que la tradición atribuye al ángel caído.

  2. «Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio»

    «Asechanzas» son trampas puestas con disimulo, no ataques de frente. El Catecismo recuerda que el mal actúa así, y que la fe no consiste en verlo en todas partes, sino en no ser ingenuo.

  3. «Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica»

    Un detalle importante: la oración no manda al demonio, se lo pide a Dios. Ningún cristiano se enfrenta al mal con autoridad propia. La frase latina es «imperet illi Deus», «que Dios se lo ordene».

  4. «con el poder que Dios te ha conferido»

    Vuelve a subrayar lo mismo: el arcángel tampoco actúa por su cuenta. Toda la oración está construida para evitar la superstición, que consiste en confiar en la fórmula y no en Dios.

  5. «que vagan por el mundo para la perdición de las almas»

    La compuso León XIII en 1886 y mandó rezarla al final de cada Misa, costumbre que duró hasta 1964. San Juan Pablo II invitó a retomarla en 1994 «ante las fuerzas de las tinieblas».

La escena en el Evangelio Apocalipsis 12, 7-10

El apóstol Juan, en el destierro, describe una visión del cielo: una mujer a punto de dar a luz, un dragón que espera para devorar al niño, y entonces:

Se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatían contra el dragón. El dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron, y no hubo ya lugar para ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero. Y oí una voz potente en el cielo que decía: «Ahora se estableció la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Mesías, porque fue arrojado el acusador de nuestros hermanos».

Apocalipsis 12, 7-10

Juan no describe un combate igualado: el dragón simplemente «no prevaleció». Y lo llama «el acusador», porque su trabajo es acusar. La oración a san Miguel se apoya en esta escena y en su desenlace, que ya está decidido.

Para rezarla hoy Hoy, cuando aparezca la tentación que más te cuesta, reza esta oración en lugar de discutir con ella.