San José sostiene al Niño Jesús en su taller de carpintería

A ti, san José

Ad te, beate Ioseph

En octubre tras el Rosario, los miércoles y en toda tribulación

A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de invocar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiados tu patrocinio.

Por aquella caridad que te unió con la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su sangre, y nos socorras en nuestras necesidades con tu auxilio y tu poder.

Protege, providentísimo custodio de la Sagrada Familia, la descendencia elegida de Jesucristo; aparta de nosotros, padre amantísimo, la peste del error y de la corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús del peligro de la muerte, defiende ahora a la santa Iglesia de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros protégenos con tu perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir santamente, morir piadosamente y alcanzar en el cielo la eterna felicidad. Amén.

De dónde viene

León XIII la escribió en 1889 y mandó añadirla al Rosario durante el mes de octubre. El papa Francisco la incluyó en la carta «Patris corde» (2020), al declarar el Año de San José.

Fuente Papa León XIII, encíclica «Quamquam pluries» (1889)

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

Esta oración la escribió el papa León XIII en 1889 y pidió que se rezara al terminar el Rosario durante el mes de octubre. Se dirige a san José después de a María, y el único argumento que le presenta es lo que él ya hizo: cuidar y proteger al Niño Jesús, incluso huyendo de noche a Egipto. José no dice una sola palabra en todo el Evangelio, y por eso se le conoce por sus actos. Es patrono de la Iglesia y de la buena muerte.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación»

    León XIII la escribió en 1889 y pidió que se rezara tras el Rosario durante todo octubre. Empieza reconociendo la situación: no se acude a José cuando todo va bien.

  2. «y después de invocar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiados tu patrocinio»

    El orden es deliberado: primero María, después José. La oración nace precisamente para rezarse al terminar el Rosario, y respeta ese orden sin competir.

  3. «por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús»

    El único argumento que se le presenta es lo que él ya hizo: cuidar a ese niño. José no dice una sola palabra en todo el Evangelio; lo que se conoce de él son sus actos.

  4. «y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús del peligro de la muerte»

    Alude a la huida a Egipto (Mateo 2, 13-15): se levantó de noche y se puso en camino sin pedir explicaciones. Por eso se le pide protección en el peligro concreto, no consuelo genérico.

  5. «para que podamos vivir santamente, morir piadosamente»

    De aquí viene que se le invoque como patrono de la buena muerte: la tradición imagina que murió en Nazaret acompañado por Jesús y María. Su fiesta es el 19 de marzo, y el 1 de mayo como obrero.

La escena en el Evangelio Mateo 1, 20-21. 24

María está prometida a José, pero antes de vivir juntos resulta que espera un hijo. José, que es un hombre justo, decide repudiarla en secreto para no exponerla. Entonces, mientras duerme:

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Mateo 1, 20-21. 24

José no pregunta nada ni responde una palabra: se despierta y hace. Los Evangelios no recogen ni una sola frase suya. Todo lo que se sabe de él son decisiones tomadas en silencio, casi siempre de noche.

Para rezarla hoy Hoy, resuelve en silencio y sin comentarlo algo que tengas pendiente por otra persona.