Coro de ángeles y santos cantando ante la luz del cielo

Te Deum

Te Deum laudamus

Al dar gracias por un bien grande y al cerrar el año

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran. Los querubines y serafines te cantan sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.

Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria. A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama: Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo. Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre. Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu sangre preciosa. Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.

De dónde viene

El gran himno de acción de gracias de la Iglesia. Se canta en las solemnidades, al elegir un Papa, al canonizar un santo y la noche del 31 de diciembre. La tradición lo atribuye a san Ambrosio y san Agustín, improvisado en el bautismo de este.

Fuente Himno del s. IV · Liturgia de las Horas, Oficio de lectura

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El Te Deum es el gran himno de acción de gracias de la Iglesia. Se canta cuando hay algo grande que agradecer: la elección de un Papa, la canonización de un santo, el fin del año. Primero alaba a Dios uniéndose al canto de los ángeles que vio el profeta Isaías, después recuerda lo que Cristo hizo por nosotros, y solo al final pide. La tradición cuenta que san Ambrosio y san Agustín lo improvisaron la noche del bautismo de Agustín.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «A ti, oh Dios, te alabamos; a ti, Señor, te reconocemos»

    Las dos primeras palabras latinas, «Te Deum», dan nombre al himno entero. No pide nada: alaba. Es lo que la tradición llama oración de alabanza, la más desinteresada de todas.

  2. «Los querubines y serafines te cantan sin cesar: Santo, Santo, Santo»

    Es la visión del profeta Isaías en el templo, cuando vio a los serafines cantar ante el trono (Isaías 6, 3). Ese mismo canto se repite en la Misa, en el Santo: la Iglesia de la tierra se une al coro que ya está cantando.

  3. «el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires»

    Tres grupos que representan a toda la Iglesia del cielo. «Blanco ejército» traduce «candidatus exercitus»: los mártires aparecen en el Apocalipsis vestidos de blanco, con la vestidura del bautismo (Apocalipsis 7, 9).

  4. «Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen»

    El himno pasa de la alabanza a la historia de la salvación: la Encarnación dicha con delicadeza. «Sin desdeñar» responde a quienes juzgaban indigno de Dios nacer de una mujer.

  5. «Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo»

    La Resurrección como victoria, no solo como regreso. La imagen de las cadenas rotas es la de la liturgia antigua de Pascua, que canta a Cristo saliendo del sepulcro como un vencedor.

  6. «Te rogamos que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu sangre preciosa»

    Solo al final, después de alabar largamente, el himno pide. Es el orden que enseña la tradición: primero reconocer quién es Dios, después presentarle la propia necesidad.

La escena en el Evangelio Isaías 6, 1-4

El profeta Isaías cuenta la visión con que comenzó su misión, el año en que murió el rey Ozías. Es la escena que el Te Deum recoge casi palabra por palabra:

El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono muy alto, y la orla de su manto llenaba el templo. Unos serafines estaban por encima de él; cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban. Y se gritaban el uno al otro: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria». Y temblaban los quicios de las puertas al clamor de su voz, y el templo se llenaba de humo.

Isaías 6, 1-4

El canto que los cristianos repiten en el Te Deum y en cada Misa no lo inventó la Iglesia: lo oyó un profeta en el templo de Jerusalén, setecientos años antes de Cristo. Al cantarlo, nos sumamos a una alabanza que ya estaba en marcha.

Para rezarla hoy Hoy, antes de pedir nada, dedica un minuto a dar gracias por algo concreto que hayas recibido.