Acto de fe
Cada día, y en la duda o la tentación contra la fe
Señor Dios mío, creo firmemente todo lo que la santa Iglesia católica cree y enseña, porque tú lo has revelado, y tú eres la Verdad misma, que ni se engaña ni puede engañarnos.
Creo en un solo Dios en tres Personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creo en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, que murió y resucitó por nosotros. Creo en la vida eterna.
En esta fe quiero vivir y morir. Auméntala, Señor. Amén.
De dónde viene
El primero de los tres actos de las virtudes teologales —fe, esperanza y caridad—, que el catecismo enseña juntos: son el resumen de la vida cristiana en tres frases. La Iglesia recomienda rezarlos a diario.
Fuente Compendio del Catecismo, Apéndice A
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
El acto de fe es el primero de los tres actos de las virtudes teologales, que la Iglesia recomienda rezar cada día. Es el Credo convertido en oración personal: no solo dice lo que se cree, sino por qué se cree, y es una sola razón, que Dios lo ha dicho y Dios no engaña. Termina pidiendo que esa fe crezca, porque la fe es un regalo que se pide, no un esfuerzo que se logra.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«creo firmemente todo lo que la santa Iglesia católica cree y enseña»
La fe no es una opinión propia: se recibe. Por eso el acto no dice «creo lo que me parece», sino lo que la Iglesia cree, incluso aquello que uno todavía no comprende del todo.
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«porque tú lo has revelado, y tú eres la Verdad misma»
Aquí está el motivo de la fe, y es el corazón de esta oración. No creemos porque lo entendamos ni porque nos consuele, sino porque se fía uno de Quien lo dice. «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6).
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«que ni se engaña ni puede engañarnos»
Dos cosas distintas: Dios no puede equivocarse, y no puede querer engañarnos. La fórmula viene de la teología clásica y responde a las dos dudas que asaltan a quien reza.
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«Creo en un solo Dios en tres Personas distintas»
El acto de fe recoge en dos líneas lo esencial del Credo: la Trinidad, la Encarnación, la muerte y la Resurrección, y la vida eterna. Es el Credo hecho oración personal.
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«En esta fe quiero vivir y morir. Auméntala, Señor.»
Termina pidiendo lo que acaba de profesar, porque la fe es un don y no una conquista. Es la súplica del padre del muchacho enfermo: «Creo, ayuda a mi poca fe» (Marcos 9, 24).
La escena en el Evangelio Juan 20, 26-29
Ocho días después de la Resurrección. Tomás no estaba cuando el Señor se apareció a los demás y se ha negado a creerles. Ahora están todos reunidos, con las puertas cerradas:
Ocho días después, estaban otra vez los discípulos dentro, y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Tomás le contestó: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».
Juan 20, 26-29
Jesús no reprende a Tomás por haber dudado: le da lo que necesitaba para creer. Y con la última frase mira a todos los que vendríamos después. Cuando rezamos el acto de fe, somos nosotros los que decimos «Señor mío y Dios mío» sin haber visto.
Para rezarla hoy Hoy, si te asalta una duda contra la fe, no discutas con ella: reza despacio «en esta fe quiero vivir y morir».