Acto de esperanza
Cuando el desánimo aprieta y la salida no se ve
Dios mío, espero de ti, por tu infinita bondad y por los méritos de Jesucristo, el perdón de mis pecados, la ayuda de tu gracia y la felicidad eterna, porque tú lo has prometido, y eres infinitamente poderoso, fiel y misericordioso.
En esta esperanza quiero vivir y morir. Auméntala, Señor. Amén.
De dónde viene
La esperanza cristiana no es optimismo: es la certeza de que Dios cumple lo que promete. Por eso este acto no mira lo que uno siente, sino lo que Él dijo.
Fuente Compendio del Catecismo, Apéndice A
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
El acto de esperanza es el segundo de los tres actos que la Iglesia recomienda rezar cada día, y está pensado para los días difíciles. La esperanza cristiana no es optimismo ni ganas de que todo salga bien: es la certeza de que Dios cumple lo que ha prometido, aunque hoy no se vea nada. Por eso esta oración no mira lo que uno siente, sino lo que Él dijo.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«espero de ti, por tu infinita bondad y por los méritos de Jesucristo»
La esperanza cristiana se apoya en dos cosas, y ninguna de las dos está en nosotros: la bondad de Dios y lo que Cristo hizo. Nunca en las propias fuerzas ni en el propio ánimo.
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«el perdón de mis pecados, la ayuda de tu gracia y la felicidad eterna»
Tres cosas concretas, en orden: el pasado perdonado, el presente sostenido y el futuro abierto. La esperanza no espera cualquier cosa: espera lo que Dios prometió.
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«porque tú lo has prometido, y eres infinitamente poderoso, fiel y misericordioso»
El motivo, otra vez fuera de nosotros: Dios prometió, y puede, quiere y no se desdice. «Mantengamos firme la confesión de la esperanza, porque es fiel el que hizo la promesa» (Hebreos 10, 23).
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«En esta esperanza quiero vivir y morir. Auméntala, Señor.»
La misma fórmula que cierra los otros dos actos. Se pide el aumento porque la esperanza flaquea precisamente cuando más se la necesita, y entonces no se sostiene con sentimientos, sino con la palabra dada.
La escena en el Evangelio Romanos 8, 18. 24-25. 28
San Pablo escribe a los cristianos de Roma, una comunidad que sufre persecución. No les promete que el dolor terminará pronto; les dice dónde se apoya lo que esperan:
Sostengo que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza: ¿cómo va a esperar uno lo que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos con constancia. Y sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien.
Romanos 8, 18. 24-25. 28
Pablo no niega el sufrimiento ni lo explica: lo pone al lado de lo que viene después. Y define la esperanza con exactitud: si ya se viera, no haría falta esperarla. Por eso esperar no es un sentimiento agradable, sino una forma de constancia.
Para rezarla hoy Hoy, si el ánimo se te viene abajo, reza este acto en voz alta aunque no sientas nada al decirlo.