Los apóstoles reunidos en oración en el cenáculo

Credo de los Apóstoles

Symbolum Apostolorum

En la Misa, al empezar el Rosario y al renovar las promesas del bautismo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

De dónde viene

Es el símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, con la forma que tiene desde el siglo VIII. Se le llama «de los Apóstoles» porque resume fielmente su fe. El Catecismo lo llama «el más antiguo catecismo romano».

Fuente Compendio del Catecismo, Apéndice A · Misal Romano

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

El Credo de los Apóstoles es el resumen más antiguo de la fe cristiana, y nació junto a la pila bautismal: era lo que se preguntaba a quien iba a bautizarse. Tiene tres partes, una por cada Persona de la Trinidad: el Padre que crea, el Hijo que nace, muere y resucita, y el Espíritu Santo con la Iglesia, el perdón y la vida eterna. No lo escribieron los apóstoles con su mano, pero recoge fielmente lo que ellos predicaron.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra»

    El Credo comienza donde comienza la Escritura: «Al principio, Dios creó el cielo y la tierra» (Génesis 1, 1). Decimos «creo», en singular, porque cada uno responde por sí mismo: el Credo nació como la pregunta que se hacía al bautizando junto a la fuente.

  2. «Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor»

    Aquí se abre la parte más extensa del Credo. «Señor» traduce el griego «Kýrios», la palabra con que la Biblia griega nombraba a Dios: confesar a Jesús como Señor era confesarlo Dios (Filipenses 2, 11).

  3. «que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen»

    Dos artículos en una sola frase: la obra del Espíritu y la maternidad de María. El Credo no explica el misterio, lo afirma: el Hijo de Dios tuvo una madre y una fecha, y entró de veras en nuestra historia.

  4. «padeció bajo el poder de Poncio Pilato»

    Es el único nombre humano del Credo además del de María, y no está por casualidad: sitúa la fe en un tiempo y un lugar verificables. Pilato gobernó Judea entre los años 26 y 36; el historiador Tácito menciona esa ejecución (Anales, XV, 44).

  5. «fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos»

    «Los infiernos» no es el lugar de los condenados, sino lo que los hebreos llamaban «sheol»: la morada de los muertos. La Iglesia confiesa que Cristo bajó allí a buscar a los justos que lo esperaban desde el principio del mundo (Catecismo, 633).

  6. «al tercer día resucitó de entre los muertos»

    El centro de todo. San Pablo lo dice sin rodeos: «Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe» (1 Corintios 15, 14). Es también la fórmula más antigua que conservamos, transmitida ya como tradición recibida hacia el año 55.

  7. «Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos»

    La tercera parte. «Católica» significa «según la totalidad», universal: no una iglesia entre otras, sino la de todos los pueblos. «Comunión de los santos» es el vínculo que une a los fieles de la tierra con los del cielo: por eso se pide su intercesión.

  8. «la resurrección de la carne y la vida eterna»

    No dice «del alma», sino «de la carne»: la fe cristiana espera la salvación del hombre entero, con su cuerpo. Fue lo que más costó aceptar al mundo antiguo, y lo que los cristianos nunca quisieron suavizar.

La escena en el Evangelio Hechos 8, 36-39

Felipe, uno de los siete diáconos, va por el camino de Jerusalén a Gaza. Alcanza el carro de un funcionario etíope que lee en voz alta al profeta Isaías y no entiende lo que lee. Felipe le anuncia a Jesús; al llegar a un lugar con agua, el etíope pide el bautismo:

Siguiendo el camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: «Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?». Felipe respondió: «Si crees de todo corazón, es posible». Y él contestó: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios». Hizo detener el carro, ambos bajaron al agua y Felipe lo bautizó. Al salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más; pero siguió su camino lleno de alegría.

Hechos 8, 36-39

Antes de ser una oración, el Credo fue una respuesta: lo que se pedía decir a quien iba a bautizarse. De ahí su forma. Cada artículo era una pregunta del ministro y una respuesta del que entraba en el agua.

Para rezarla hoy Hoy, al rezar el Credo, detente en el artículo que más te cueste creer y pide por él.