Acordaos
Memorare
En momentos de angustia o cuando todo parece cerrado
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu asistencia y reclamado tu socorro haya sido abandonado por ti.
Animado con esta confianza, a ti también acudo, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No deseches, Madre de Dios, mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.
De dónde viene
Se atribuyó mucho tiempo a san Bernardo, de ahí su tono. La difundió en el siglo XVII el «pobre sacerdote» Claude Bernard, que repartió miles de copias entre presos y condenados a muerte de París. San Francisco de Sales la rezaba a diario.
Fuente Oración tradicional, difundida por el P. Claude Bernard (s. XVII)
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
El Acordaos es la oración que se reza cuando todo parece cerrado. Su argumento es uno solo: nunca se ha sabido de nadie que acudiera a María y quedara abandonado. Quien la reza no alega méritos propios, sino esa historia. Se atribuye a san Bernardo, aunque su forma actual se difundió en el siglo XVII gracias al padre Claude Bernard, que la repartía impresa entre presos y condenados.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Acuérdate, oh piadosísima Virgen María»
Empieza pidiendo memoria, como los salmos piden a Dios que se acuerde (Salmo 25, 6). No se le recuerda un favor propio: se le recuerda quién ha sido ella con todos.
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«que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección haya sido abandonado por ti»
El argumento entero de la oración cabe en esta frase, y no es un sentimiento: es lo que la experiencia de la Iglesia ha transmitido. Se reza recordándole a María su propia historia.
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«Animado con esta confianza, a ti también acudo»
El giro decisivo. Quien reza no alega mérito alguno; alega lo que acaba de decir. La confianza no nace de sentirse digno, sino de saber cómo ha tratado ella a los demás.
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«aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana»
«Me atrevo» reconoce la desproporción sin dejar que detenga el paso. Es la oración de quien viene tal como está, porque no puede venir de otro modo.
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«No deseches, Madre de Dios, mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas benignamente»
Termina como la oración más antigua a María, «Bajo tu amparo», con el mismo temor de ser desoído y la misma confianza en que no lo será.
La escena en el Evangelio Mateo 15, 22-28
Una mujer extranjera, cananea, sale al paso de Jesús. No tiene derecho alguno que alegar, y Jesús parece cerrarle la puerta dos veces:
Una mujer cananea, saliendo de aquella región, se puso a gritar: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene gritando detrás de nosotros». Él contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». Y en aquel momento quedó curada su hija.
Mateo 15, 22-28
La cananea no tiene títulos y lo sabe; por eso no alega ninguno. Insiste y encuentra una razón en la misma respuesta que parecía negárselo todo. Es exactamente la actitud del Acordaos: no aportar méritos, sino confianza.
Para rezarla hoy Hoy, si algo te tiene sin salida, reza el Acordaos una sola vez y no vuelvas a darle vueltas al asunto hasta mañana.