Visita al Santísimo
Al entrar en una iglesia, aunque sea un momento
Señor mío Jesucristo, que por el amor que tienes a los hombres permaneces noche y día en este Sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: te creo presente en el Santísimo Sacramento del altar.
Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por cuantas mercedes me has hecho, especialmente por haberte quedado conmigo en este Sacramento, por haberme dado por abogada a tu Santísima Madre María y por haberme llamado a visitarte en este templo.
Quiero, Señor, amarte con todo mi corazón; me pesa de haberte ofendido, y propongo, con tu gracia, no ofenderte más. Amén.
De dónde viene
San Alfonso escribió treinta y una visitas, una por cada día del mes, y decía que «entre todas las devociones, la adoración de Jesús sacramentado es la primera después de los sacramentos».
Fuente San Alfonso María de Ligorio, «Visitas al Santísimo Sacramento» (1745)
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
Es la oración para entrar un momento en una iglesia y saludar a Jesús en el sagrario, aunque sea de camino a otro sitio. La escribió san Alfonso María de Ligorio, que compuso treinta y una visitas, una para cada día del mes, y decía que después de los sacramentos esta es la primera de todas las devociones. En pocas líneas recorre cinco pasos: creer, adorar, dar gracias, pedir perdón y proponer.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«que por el amor que tienes a los hombres permaneces noche y día en este Sacramento»
La razón de que exista esta oración: si Cristo está allí también de noche y también cuando no hay nadie, tiene sentido entrar a saludarlo aunque sea un minuto.
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«esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte»
Tres participios en presente que describen a alguien que aguarda. San Alfonso María de Ligorio escribió treinta y una visitas, una para cada día del mes, y esta es la fórmula que las abre.
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«Te adoro desde el abismo de mi nada»
Lenguaje del siglo XVIII, fuerte pero exacto: quien adora no aporta nada, solo se presenta. Reconocerlo es lo que hace posible recibir.
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«y te doy gracias por cuantas mercedes me has hecho»
La visita sigue un orden clásico: creer, adorar, dar gracias, pedir perdón y proponer la enmienda. Cinco pasos que caben en un minuto y ordenan cualquier oración.
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«Al entrar en una iglesia, aunque sea un momento»
San Alfonso decía que «entre todas las devociones, la adoración de Jesús sacramentado es la primera después de los sacramentos». No pedía largas horas: pedía constancia.
La escena en el Evangelio Lucas 10, 38-42
Jesús llega a una aldea y lo reciben dos hermanas. Marta se afana en atenderlo; María se sienta a escucharlo. Marta se queja, y la respuesta desconcierta:
Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Lucas 10, 38-42
Jesús no reprocha a Marta el trabajo, sino la inquietud. La visita al Santísimo es exactamente esa parte que María escogió: sentarse un rato, sin hacer nada más, en medio de un día lleno de cosas.
Para rezarla hoy Hoy, si pasas junto a una iglesia abierta, entra dos minutos aunque lleves prisa.