Alabanzas de Desagravio
Después de la bendición con el Santísimo
Bendito sea Dios. Bendito sea su santo Nombre. Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Bendito sea el Nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón. Bendita sea su Preciosísima Sangre. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima. Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción. Bendita sea su gloriosa Asunción. Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. Bendito sea San José, su castísimo esposo. Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
De dónde viene
Las escribió el jesuita Luigi Felici en 1797 para reparar las blasfemias públicas. Se rezan a coro después de la bendición: cada línea bendice lo que el mundo insulta.
Fuente Ritual de la Sagrada Comunión y del culto eucarístico
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
Las alabanzas divinas son catorce líneas que se rezan a coro después de la bendición con el Santísimo: el sacerdote dice cada una y la asamblea la repite en voz alta. Las escribió un jesuita italiano en 1797 para reparar las blasfemias que se oían en la calle, y su lógica es sencilla: bendecir, una por una, las cosas que el mundo insulta. Recitadas seguidas recorren casi todo el Credo.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Bendito sea Dios»
Las escribió el jesuita Luigi Felici en 1797 para reparar las blasfemias que se oían en la calle. La idea es simple y exacta: cada línea bendice, en voz alta, algo que el mundo insulta.
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«Bendito sea su santo Nombre»
El segundo mandamiento prohíbe tomar el nombre de Dios en vano. Estas alabanzas no argumentan contra quien lo hace: ponen la bendición donde estaba el insulto.
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«Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre»
Cada línea es también una afirmación de fe. Recitadas seguidas, las alabanzas recorren casi todo el Credo: la Trinidad, la Encarnación, la Eucaristía, María, los santos.
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«Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar»
El centro, porque se rezan justo después de la bendición con el Santísimo. La asamblea responde repitiendo cada línea en voz alta tras el sacerdote.
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«Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos»
La última línea abre la alabanza a todos los que ya están con Dios. Se empieza por Dios y se termina por los suyos: nadie queda fuera de la bendición.
La escena en el Evangelio Job 1, 20-22
Job lo ha perdido todo en un solo día: los bienes, los criados y los diez hijos. Un mensajero tras otro le traen la noticia. Cuando el último termina de hablar:
Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, cayó a tierra y se postró diciendo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá». «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!». En todo esto no pecó Job, ni dijo nada inconveniente contra Dios.
Job 1, 20-22
Job no disimula el dolor: se rasga el manto y cae a tierra. Y desde ahí bendice. Las alabanzas divinas hacen lo mismo en otro terreno: bendecir precisamente donde otros maldicen.
Para rezarla hoy Hoy, si oyes una blasfemia, no discutas: reza en silencio «bendito sea su santo Nombre».