Ven, Espíritu Creador
Veni Creator Spiritus
En Pentecostés, y al comenzar toda obra importante
Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena de la divina gracia los corazones que tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú, el Espíritu de las siete formas, dedo de la diestra del Padre, tú, prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por ti conozcamos al Padre y también al Hijo, y que en ti, Espíritu de entrambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
Ver en latín
Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita, imple superna gratia, quae tu creasti pectora. Qui diceris Paraclitus, altissimi donum Dei, fons vivus, ignis, caritas, et spiritalis unctio.
De dónde viene
La Iglesia lo canta en los momentos decisivos: la elección de un Papa, las ordenaciones, la apertura de un concilio, el comienzo del año. Quien lo reza en Pentecostés puede ganar indulgencia plenaria.
Fuente Himno del s. IX, atribuido a Rabano Mauro · Liturgia de las Horas
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
El Veni Creator es el gran himno al Espíritu Santo, compuesto en el siglo IX y atribuido al monje Rabano Mauro. Se canta en Pentecostés, pero también al empezar todo aquello que nadie puede hacer con sus solas fuerzas: un concilio, la elección de un Papa, una ordenación, un curso. Llama al Espíritu «Creador» porque estaba ya al principio del mundo, y le pide luz para entender y amor para querer.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Ven, Espíritu Creador»
Llama al Espíritu «Creador» porque estaba ya al principio de todo: «El espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas» (Génesis 1, 2). El himno se atribuye a Rabano Mauro, monje del siglo IX.
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«fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción»
Cuatro imágenes tomadas de la Escritura: el agua que brota (Juan 7, 38), el fuego de Pentecostés, el amor derramado en los corazones (Romanos 5, 5) y el óleo que consagra. Ninguna basta por sí sola.
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«Tú, el Espíritu de las siete formas»
Los siete dones que enumera Isaías al describir al Mesías (Isaías 11, 2): sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Es lo que se pide en la Confirmación.
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«dedo de la diestra del Padre»
Una expresión extraña y antigua, tomada del Evangelio: «Si yo expulso los demonios con el dedo de Dios…» (Lucas 11, 20). El dedo es lo que toca y lo que escribe: así actúa el Espíritu.
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«Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones»
La estructura de la súplica: primero la luz para entender, después el amor para querer. En ese orden, porque no se ama lo que no se conoce.
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«Al comenzar toda obra importante»
Este himno se canta en Pentecostés, pero también al abrir un concilio, al elegir un Papa, al ordenar sacerdotes y al empezar el curso. Se invoca al Espíritu antes de lo que no se puede hacer solo.
La escena en el Evangelio Hechos 2, 1-6
Habían pasado cincuenta días desde la Pascua. Los discípulos seguían reunidos en el mismo lugar, sin salir todavía a ninguna parte:
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Hechos 2, 1-6
Los mismos hombres que se habían escondido salen ahora a hablar en público. No cambiaron de opinión: recibieron algo. Por eso el himno no pide entender mejor, sino que venga Alguien.
Para rezarla hoy Hoy, antes de empezar la tarea más difícil de la jornada, reza al menos la primera estrofa.