Un artesano detiene un instante el trabajo y alza los ojos en oración

Jaculatorias

A lo largo del día, en un instante; al cerrar cada decena

Jesús, manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Jesús, en ti confío.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos en la hora de nuestra muerte.

Dulce Corazón de María, sé la salvación nuestra.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Espíritu Santo, fuente de luz, ilumínanos.

Espíritu Santo, fuente de amor, llénanos.

De dónde viene

Del latín «iaculum», dardo: oraciones tan breves que se lanzan al cielo en un suspiro. San Agustín las recomendaba «frecuentes y rapidísimas» para no dejar enfriar la atención. Se rezan mientras se camina, se trabaja o se espera.

Fuente Invocaciones tradicionales · Rosarium Virginis Mariae, 35

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

Las jaculatorias son oraciones de una sola frase que se rezan en un instante, en medio de cualquier tarea. El nombre viene del latín «dardo», porque se lanzan al cielo de una vez. Los monjes antiguos las preferían a las oraciones largas para que la atención no se enfriara, y san Agustín las recomendaba «frecuentes y rapidísimas». En el Rosario se rezan al cerrar cada decena, y son libres: cada uno puede elegir la suya, cambiarla u omitirla.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. ««Iaculum»: el dardo»

    El nombre viene del latín «iaculum», dardo o flecha arrojadiza. Son oraciones tan breves que se lanzan al cielo de una vez, sin preparación y sin necesidad de recogerse: caben en un suspiro.

  2. «Frecuentes y rapidísimas»

    San Agustín cuenta que los monjes de Egipto rezaban así, con oraciones «muy breves y como lanzadas al vuelo», para que la atención del corazón, que es lo que importa, no se enfriara con las palabras largas (Carta 130, a Proba).

  3. «Al cerrar cada decena del Rosario»

    En el Rosario, la jaculatoria se reza después del Gloria y de la oración de Fátima. San Juan Pablo II precisó que esa invocación «varía según las costumbres» y no es obligatoria: se puede elegir, cambiar u omitir (Rosarium Virginis Mariae, 35).

  4. «A lo largo del día»

    Su lugar propio no es la iglesia: es el trabajo, la calle, la sala de espera. Se rezan mientras se camina, se cocina o se aguarda, y por eso son la forma más sencilla de cumplir aquello de «orar sin cesar» (1 Tesalonicenses 5, 17).

La escena en el Evangelio Marcos 10, 47-52

Jesús sale de Jericó rodeado de gente. Al borde del camino hay un mendigo ciego, Bartimeo, que no puede acercarse ni ver nada, y solo tiene la voz:

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Marcos 10, 47-52

Bartimeo no compone una oración: repite una frase corta, y la repite más fuerte cuando le mandan callar. Esa frase, «ten compasión de mí», es la jaculatoria más antigua de la Iglesia, la que en Oriente se convirtió en la oración de Jesús.

Para rezarla hoy Hoy, elige una sola jaculatoria y repítela tres veces a lo largo del día: al empezar, al mediodía y al acostarte.