Invocaciones a la Divina Misericordia
A las tres de la tarde, la hora de la misericordia, y en toda angustia
Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, en Ti confío.
Jesús, en Ti confío.
De dónde viene
Las dos jaculatorias que Jesús dictó a santa Faustina. «Jesús, en ti confío» es la frase que Él mismo mandó escribir al pie de la imagen: la más breve del devocionario y la que resume toda la devoción.
Fuente Santa Faustina Kowalska, «Diario» 84 y 47 · Estampa de Jesús Misericordioso
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
Son las dos jaculatorias que Jesús dictó a santa Faustina Kowalska, una religiosa polaca, en los años treinta. La primera recuerda la sangre y el agua que brotaron del costado abierto de Cristo en la cruz; la segunda, «Jesús, en ti confío», es la frase que él mismo mandó escribir al pie de la imagen de la Divina Misericordia. Se rezan a las tres de la tarde, la hora de su muerte, y en cualquier angustia.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Sangre y agua que brotaste del Corazón de Jesús»
No es una imagen poética: es lo que san Juan dice haber visto al pie de la cruz cuando el soldado abrió el costado (Juan 19, 34). La tradición ha leído allí los dos sacramentos, el bautismo y la Eucaristía.
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«como fuente de misericordia para nosotros, en ti confío»
De ahí vienen los dos rayos, uno pálido y otro rojo, de la imagen que Jesús pidió pintar a santa Faustina. Ella no sabía dibujar y tuvo que describírsela a un pintor.
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«Jesús, en ti confío»
La oración más breve del devocionario: cuatro palabras. Jesús pidió que se escribieran al pie de la imagen, y son las que convierten un cuadro en una oración.
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«A las tres de la tarde, la hora de la misericordia»
La hora en que Cristo murió (Lucas 23, 44-46). La devoción propone detenerse un instante a esa hora, aunque sea en medio del trabajo, y decir esta sola frase.
La escena en el Evangelio Juan 19, 32-35
Es la tarde del Viernes Santo. Para que los cuerpos no queden en la cruz durante la fiesta, los soldados vienen a rematar a los crucificados. Al llegar a Jesús, encuentran algo distinto:
Los soldados fueron y le quebraron las piernas al primero y al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también ustedes crean.
Juan 19, 32-35
Juan se detiene a subrayar que esto lo vio él mismo, algo que casi nunca hace. La Iglesia ha visto en ese costado abierto el origen de los sacramentos, y de ahí nacen estas dos invocaciones.
Para rezarla hoy Hoy, a las tres de la tarde, detente donde estés y di una sola vez: «Jesús, en ti confío».