Alma de Cristo
Anima Christi
Después de comulgar y ante el Santísimo
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.
De dónde viene
Oración del siglo XIV, anterior a san Ignacio de Loyola, que la puso al frente de sus Ejercicios Espirituales y la hizo célebre. Es la oración clásica de la acción de gracias tras la comunión.
Fuente Misal Romano, acción de gracias después de la Misa
Para entender la oración
Lecturas breves para quien desee ir más hondo.
En pocas palabras La oración explicada en un párrafo
El Alma de Cristo es la oración clásica para después de comulgar. Va nombrando una por una las partes de Cristo, su alma, su cuerpo, su sangre, el agua de su costado, su pasión, sus llagas, y a cada una le pide algo. Su verso más recordado convierte las heridas en escondite: «dentro de tus llagas, escóndeme». Es del siglo XIV, y san Ignacio de Loyola la puso al frente de sus Ejercicios Espirituales.
Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
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«Alma de Cristo, santifícame»
Cada verso nombra una parte de Cristo y le pide algo distinto. Empieza por el alma, es decir, por lo más interior, y por eso pide lo primero: ser hecho santo, no mejorado.
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«Sangre de Cristo, embriágame»
El verbo sorprende y es deliberado. Los Padres de la Iglesia hablaban de una «sobria embriaguez» del Espíritu: una alegría que desborda sin nublar. Viene del salmo «tu copa me embriaga» (Salmo 23, 5).
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«Agua del costado de Cristo, lávame»
El agua y la sangre que brotaron del costado abierto (Juan 19, 34): la tradición ve allí el bautismo y la Eucaristía. Toda la oración recorre la Pasión pidiendo a cada herida un bien.
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«Dentro de tus llagas, escóndeme»
La imagen más recordada. Las heridas, que son el lugar del dolor, se convierten en refugio. No pide que las llagas desaparezcan: pide entrar en ellas.
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«En la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a Ti»
Termina en el último momento, como tantas oraciones eucarísticas, porque la comunión se entiende como anticipo. San Ignacio la puso al frente de sus Ejercicios Espirituales y la hizo célebre, aunque es anterior a él, del siglo XIV.
La escena en el Evangelio Lucas 24, 28-32
Es la tarde del mismo domingo de Pascua. Dos discípulos se alejan de Jerusalén decepcionados. Un desconocido se les une, camina con ellos y les explica las Escrituras. Al llegar a la aldea:
Al llegar cerca de la aldea adonde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Lucas 24, 28-32
Lo reconocen al partir el pan, no durante la explicación, y justo entonces desaparece de su vista. Así es la acción de gracias después de comulgar: se ha recibido a alguien a quien no se ve. Esta oración se reza en ese momento.
Para rezarla hoy Hoy, después de comulgar, no pidas nada durante un minuto: solo reza este texto despacio.