Un hombre reza de rodillas junto a su cama al amanecer

Ofrecimiento de obras

Al despertar, antes de empezar el día

Oh Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, te ofrezco mis oraciones, obras, alegrías y sufrimientos de este día, en reparación de nuestras ofensas y por todas las intenciones por las que ruegas y ofreces tu Corazón en el santo Sacrificio de la Misa.

Te las ofrezco, en particular, por las intenciones del Santo Padre de este mes. Amén.

De dónde viene

Desde 1844, el Apostolado de la Oración propone empezar la jornada entregándola entera —lo bueno y lo duro— unida a la Misa que en ese momento se celebra en algún lugar del mundo. Es la oración de la mañana más extendida entre los católicos.

Fuente Apostolado de la Oración (Red Mundial de Oración del Papa)

Para entender la oración

Lecturas breves para quien desee ir más hondo.

En pocas palabras La oración explicada en un párrafo

Es la oración de la mañana: entregar el día entero antes de que empiece, lo bueno y lo difícil, sin saber todavía qué traerá. Nació en 1844 con el Apostolado de la Oración y se apoya en una idea sencilla: en cualquier momento del día se está celebrando la Misa en algún lugar del mundo, y quien ofrece su jornada la une a ese ofrecimiento. Incluye además la intención que el Papa propone cada mes.

Frase a frase Qué dice cada parte y de dónde viene
  1. «Oh Jesús, por el Corazón Inmaculado de María»

    La ofrenda no se presenta directamente: pasa por María. Es el modo que enseñó san Luis María Grignion de Montfort y que el Apostolado de la Oración adoptó, para que lo que damos llegue purificado de lo que tiene de torpe.

  2. «te ofrezco mis oraciones, obras, alegrías y sufrimientos de este día»

    Cuatro palabras que abarcan todo lo que va a caber en las próximas horas, sin separar lo religioso de lo demás. El trabajo, la conversación y el cansancio entran en la ofrenda igual que la oración.

  3. «en reparación de nuestras ofensas»

    «Reparar» no significa pagar una deuda a un Dios ofendido, sino unir lo propio a lo que Cristo ya hizo. San Pablo lo dice de un modo audaz: «Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo» (Colosenses 1, 24).

  4. «por todas las intenciones por las que ruegas y ofreces tu Corazón en el santo Sacrificio de la Misa»

    Aquí está la idea que sostiene esta oración: en cada momento del día hay una Misa celebrándose en algún lugar del mundo. Quien ofrece su jornada la une a ese ofrecimiento que nunca se interrumpe.

  5. «por las intenciones del Santo Padre de este mes»

    El Papa publica cada mes una intención concreta —la paz en un país, los enfermos, los migrantes— y millones de personas la rezan unidas. La ofrenda personal se hace así oración de toda la Iglesia.

La escena en el Evangelio Romanos 12, 1-2

San Pablo termina la parte doctrinal de su carta a los Romanos y pasa a la vida práctica. Lo primero que pide no es una obra concreta, sino una entrega:

Por la misericordia de Dios, hermanos, les ruego que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: este es el culto que deben ofrecer. Y no se ajusten a este mundo, sino transfórmense por la renovación de la mente, para que sepan discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Romanos 12, 1-2

Pablo usa el lenguaje del templo, pero cambia la víctima: ya no un animal sobre el altar, sino la propia vida entera, viva y en marcha. Eso es exactamente lo que hace quien ofrece su día al empezarlo.

Para rezarla hoy Hoy, antes de levantarte, ofrece en concreto la tarea que más pereza te dé de la jornada.