Novena a Nuestra Señora de Luján

Preparando la novena…

Sobre esta novena Las oraciones, el plan de los nueve días y cómo se reza

Novena a Nuestra Señora de Luján

Nueve días recorriendo la historia del milagro de la carreta: la Virgen que eligió quedarse en la pampa y el pueblo que desde hace cuatro siglos peregrina hacia ella.

Esta novena a Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina se reza tradicionalmente durante los nueve días previos a su fiesta, el 8 de mayo. Son nueve días consecutivos de oración: cada día se medita un aspecto distinto de la devoción y se presenta una petición propia. Si un día se interrumpe, aquí puedes retomarla donde quedaste.

Cómo se reza cada día

  1. Señal de la Cruz
  2. Oración inicial
  3. Meditación del día
  4. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
  5. Petición del día
  6. Invocaciones
  7. Oración final
  8. Señal de la Cruz

Los nueve días completos

Abre cada día para leer su meditación y su petición. Es el mismo texto que usa el rezo guiado, disponible también sin JavaScript.

  1. Día 1 — Una carreta en la pampa Un signo de paz en nuestra tierra

    Meditación

    «¡Qué precioso es tu amor, oh Dios! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas» (Salmo 36, 8). En 1630, en tiempos del virreinato, un hacendado portugués llamado Antonio Farías de Sá, que vivía en Sumampa, en el actual Santiago del Estero, pidió a un amigo de Brasil una imagen de la Virgen para su capilla. El amigo le envió por barco no una, sino dos pequeñas imágenes de terracota, cada una en su cajón: una Inmaculada Concepción con las manos juntas y una Madre con el Niño. Desde el puerto de Buenos Aires partieron en una tropa de carretas por los caminos de la pampa. Al llegar a orillas del río Luján, los viajeros y las imágenes se detuvieron a descansar en una estancia, sin imaginar lo que iba a suceder. El Señor tenía otros planes. La evangelización de América estuvo marcada por el amor a la Madre de Dios, que siempre dio señales de su compañía y cuidado. Su presencia silenciosa a lo largo de la historia nos acerca al amor misericordioso de Dios. Hoy, en el primer día de la novena, pedimos que su consuelo y su paz lleguen a cada peregrino.

    Petición

    Madre de Luján, que quisiste quedarte en nuestra tierra como signo de la presencia de Dios: haznos instrumentos de tu paz en la vida cotidiana, para que en nuestra vida se refleje la vida de tu Hijo. Amén.

  2. Día 2 — El milagro de la carreta María quiere quedarse con nosotros

    Meditación

    «¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!» (Lucas 1, 28). Al día siguiente, la caravana se dispuso a seguir. Los bueyes tiraron con fuerza, pero una carreta no se movía: la que llevaba las dos imágenes. La aligeraron, y nada. Bajaron uno de los cajones, y nada. Bajaron el otro y volvieron a subir el primero: entonces la carreta avanzó sin dificultad. Todos entendieron el signo: la Virgen de aquel cajón quería quedarse en ese paraje, y la otra debía continuar su viaje. Abrieron el cajón de rodillas y, con los ojos empañados, vieron a la Inmaculada: una figura de apenas treinta y ocho centímetros, con las manos juntas sobre el pecho y el manto cubierto de estrellas. La Virgen había elegido a los más pobres y a la tierra más humilde. El milagro no solo sorprendió a los presentes: los llevó a discernir la voluntad de Dios. Así comenzó una devoción que une los corazones de una misma familia y nos reconcilia con Dios nuestro Padre. Contemplemos hoy ese momento bendito en que nuestra Madre quiso quedarse con nosotros.

    Petición

    Señor, que en el milagro de la carreta nos mostraste que tu Madre quería permanecer entre nosotros: haznos constructores de diálogo y de comunión, para que vivamos en la paz con la que nos soñaste. Amén.

  3. Día 3 — El Negro Manuel La paz que nace de la libertad

    Meditación

    «Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones» (Salmo 89, 2). Entre los que acompañaban las carretas venía un esclavo africano, bautizado con el nombre de Manuel. Estuvo allí en el momento del milagro y comprendió que aquello era una señal de Dios. Cuando la caravana siguió su camino, él se quedó junto a la Virgen y nunca más se apartó de ella: durante más de cincuenta años fue su custodio. Manuel mantenía una vela encendida día y noche ante la imagen, recibía a los paisanos que llegaban y ungía a los enfermos con el sebo de las velas del altar. Se llamaba a sí mismo «el esclavo de la Virgen», y cuando quisieron trasladarlo respondió: «Soy de la Virgen nomás». Aun en la esclavitud, Manuel vivió una libertad interior profunda: la de quien se sabe amado y elegido. Vino de África sufriendo lo que sufrió, y encontró en la Virgen a alguien que lo quería. En él, María eligió a los pobres y a los últimos. Su testimonio sigue siendo signo de dignidad y de fe.

    Petición

    Padre, que en el Negro Manuel nos mostraste la libertad de tus hijos: libéranos del egoísmo y haznos instrumentos de tu paz, para que vivamos en la libertad de los hijos de Dios. Amén.

  4. Día 4 — Peregrinos que siembran esperanza Servir a los que llegan

    Meditación

    «Sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos» (Salmo 100, 2). Junto a la imagen se levantó una primera ermita de adobe y paja, y a ella empezaron a llegar familias de distintos lugares en sencilla peregrinación. Manuel no solo cuidaba la imagen: acompañaba a los que venían, consolaba a los enfermos, enseñaba a rezar y recibía a todos con amor. Su vida fue instrumento para un pueblo naciente que buscaba saciar su corazón en Dios. Así, aquel paraje perdido en la pampa se volvió un lugar de paz y de esperanza. Los que llegaban con una carga se iban más livianos; los que llegaban solos encontraban un hermano. La fe que no se comparte se apaga. La Virgen de Luján nos pide que no nos quedemos con su amor para nosotros solos, sino que lo acerquemos a todos, como hizo Manuel: con una vela encendida, una palabra, un gesto. Hoy pedimos ser servidores de la paz.

    Petición

    Madre, haznos servidores de la paz, para que no solo experimentemos tu amor en lo íntimo, sino que sepamos compartirlo y acercarlo a todos nuestros hermanos. Amén.

  5. Día 5 — Doña Ana de Matos La paz en lo cotidiano

    Meditación

    «Me harán un santuario y yo habitaré en medio de ellos» (Éxodo 25, 8). Con el tiempo, la estancia donde estaba la ermita quedó abandonada y el lugar se volvió peligroso para los peregrinos. En 1671, doña Ana de Matos, una viuda dueña de tierras a orillas del río, ofreció su casa para custodiar la imagen y prometió levantarle una capilla, en el sitio donde hoy se alza la Basílica. Trasladaron la imagen, pero por dos veces desapareció misteriosamente y fue hallada en su lugar original, junto a Manuel. Entendieron entonces que la Virgen no quería separarse de su custodio. Se organizó una procesión solemne, y Manuel la acompañó a su nueva casa, donde siguió a su lado hasta el final. La generosidad concreta de una mujer permitió que la devoción creciera. La paz no se construye con grandes discursos, sino con gestos cotidianos: abrir la casa, entregar lo que se tiene, hacer lugar a los demás. Hoy pedimos construir la paz en nuestras familias.

    Petición

    Señor, ayúdanos a construir la paz en nuestras familias, saliendo de nosotros mismos y entregándonos con generosidad, para que el amor sea el vínculo que nos una. Amén.

  6. Día 6 — La primera capilla y el fiel servidor Perseverar en la paz

    Meditación

    «Él protege los senderos de la justicia y cuida el camino de sus fieles» (Proverbios 2, 8). En las tierras de Ana de Matos se construyó la primera capilla de la Virgen: paredes blancas de cal, techo de tejas, una campana que rompía el silencio del campo. Un sacerdote enfermo, el padre Pedro de Montalbo, viajó hasta allí pensando que la Virgen lo curaría o que moriría a sus pies; Manuel le ungió el pecho con el sebo de la vela del altar y dijo: «La Virgen lo va a sanar, porque lo quiere de capellán». Montalbo sanó y fue el primer capellán del santuario. En 1686, cumplidos sus dos grandes deseos —que la Virgen tuviera una capilla y un sacerdote—, Manuel supo en un sueño que iba a morir. Lo sepultaron junto al altar, y allí descansa, a los pies de su Madre. Cada vez que intentaron mover a la Virgen, ella volvió a su lugar: la perseverancia en la fe permitió descubrir el camino verdadero. Hoy pedimos paciencia y confianza para discernir la voluntad de Dios.

    Petición

    Padre, regálanos paciencia y confianza para discernir tu voluntad, y así saber dónde y cómo entregar nuestra vida con generosidad, como el Negro Manuel. Amén.

  7. Día 7 — Un pueblo alrededor de la Virgen Edificar la paz

    Meditación

    «Señor, yo amo la casa donde habitas, el lugar donde reside tu gloria» (Salmo 26, 8). Alrededor de la capilla fue naciendo un pueblo para atender a los peregrinos, cada día más numerosos. En 1755 recibió el título de Villa de Luján, y el Cabildo de Buenos Aires erigió la parroquia de Nuestra Señora del Río Luján. Allí se reunían los fieles para rezar y pedir gracias; el lugar se volvió centro de vida espiritual para toda la región. La fe compartida fue edificando una comunidad en paz. Lo que empezó con un esclavo y una vela era ya una casa abierta a todos: gauchos, campesinos, viajeros, autoridades. En 1872 el arzobispo de Buenos Aires confió el santuario a los sacerdotes de la Congregación de la Misión, los hijos de san Vicente de Paúl, que lo custodian hasta hoy. Una comunidad es un templo vivo cuando en ella hay encuentro y oración. Hoy pedimos que nuestras comunidades sean lugares de paz.

    Petición

    Señor, haz de nuestras comunidades lugares de paz, encuentro y oración, para que reflejen el testimonio de vida cristiana que el mundo necesita conocer. Amén.

  8. Día 8 — «Esta perla necesita un cofre más grande» Soñar la paz

    Meditación

    «¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!» (Salmo 122, 1). En 1875, el padre Jorge María Salvaire, misionero lazarista, fue capturado por los indígenas en la frontera y estuvo a punto de morir. Prometió a la Virgen de Luján que, si salvaba la vida, le levantaría un gran templo. Y cumplió. Consiguió de León XIII la coronación pontificia de la imagen, celebrada el 8 de septiembre de 1887, y en 1890 puso la primera piedra de la Basílica. «Esta perla necesita un cofre más grande», decía. Salvaire murió en 1899 sin ver terminada su obra; las dos torres góticas, de más de cien metros, se completaron en 1935. En 1930, Pío XI declaró a Nuestra Señora de Luján Patrona de la Argentina, del Uruguay y del Paraguay. Soñar en grande al servicio de los demás: eso fue la vida de Salvaire, fruto de una fe profunda y de una promesa cumplida. Hoy pedimos un corazón grande para trabajar por una patria en paz.

    Petición

    Dios nuestro, ayúdanos a trabajar por una patria en paz. Danos un corazón grande para soñar proyectos que atraviesen nuestra vida y estén al servicio del bien de todos. Amén.

  9. Día 9 — Pueblo peregrino La esperanza que no defrauda

    Meditación

    «Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: estos son mi madre y mis hermanos» (Mateo 12, 49). Desde hace casi cuatrocientos años, millones de peregrinos caminan hacia Luján llevando sus intenciones. Belgrano rezó allí por la patria y le ofreció banderas; San Martín, agradeciendo el cruce de los Andes, dejó en su altar su bastón de mando; Ceferino Namuncurá y tantos peregrinos sencillos llegaron a sus pies. Cada primavera, más de un millón de jóvenes recorren a pie los sesenta kilómetros que separan Buenos Aires de la Basílica. En 1982, san Juan Pablo II peregrinó a Luján y encomendó a la Virgen el pueblo argentino, pidiéndole que lo sostenga en la defensa de la vida, lo consuele en la tribulación y lo ayude a elevar la mirada al cielo, donde los colores de su bandera se confunden con los de su manto. En ese caminar compartido —jóvenes, ancianos, familias— se renueva la esperanza y la paz. La peregrinación es signo de unidad de un pueblo que se sabe hijo de la misma Madre. Hoy, último día de la novena, pedimos por todos los que peregrinan a Luján.

    Petición

    Madre, te pedimos por el pueblo que peregrina a Luján: que en su caminar compartido crezcan la unidad y la paz, y que cada uno de nosotros vuelva a casa con la esperanza que no defrauda. Amén.

Oración inicial

Madrecita de Luján, que acompañas mi caminar: a ti acudo con confianza; en Dios pongo mi alegría y mi pesar. Tú, que conoces mis alegrías, ayúdame a dar gracias siempre. Tú, que estás conmigo en mis penas, no te apartes de mí. Tú, que eres Madre de todos, enséñame a ser hermano y prójimo del necesitado. A ti encomiendo mi vida, mi patria y mi familia, y te confío la gracia que deseo alcanzar en esta novena (menciona aquí tu petición). Amén.

Oración final

¡Oh Virgen de Luján, que señalas el camino de nuestro peregrinar! Haz que cultivemos también hoy la prudencia de tu corazón, para que nuestras lámparas se aviven con la llama ardiente de la fe, el pabilo de la esperanza y el aceite del amor, como verdaderos templos de Dios. Amén. Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina, ruega por nosotros.

Invocaciones

Virgen de Luján, Madre del pueblo argentino: hoy nos consagramos a tu corazón maternal. Ponemos en tus manos nuestras vidas, sabiendo que serán cuidadas y fortalecidas. Queremos que nos lleves a Jesús. Regálanos ser presencia de tu Hijo para otros: que hablemos de él sin nombrarlo y callemos cuando es preciso que el gesto reemplace la palabra; que amemos como Jesús amó y hagamos el bien como él mismo nos enseñó; que seamos para todos instrumentos de paz y de unidad. Virgen de Luján, míranos con ese amor único con el que sabes mirar. Nos consagramos a ti para poder vivir, desde hoy y para siempre, la vocación hermosa de ser, como el Negro Manuel, «de la Virgen nomás». Amén.