Meditación
«¡Qué precioso es tu amor, oh Dios! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas» (Salmo 36, 8). En 1630, en tiempos del virreinato, un hacendado portugués llamado Antonio Farías de Sá, que vivía en Sumampa, en el actual Santiago del Estero, pidió a un amigo de Brasil una imagen de la Virgen para su capilla. El amigo le envió por barco no una, sino dos pequeñas imágenes de terracota, cada una en su cajón: una Inmaculada Concepción con las manos juntas y una Madre con el Niño. Desde el puerto de Buenos Aires partieron en una tropa de carretas por los caminos de la pampa. Al llegar a orillas del río Luján, los viajeros y las imágenes se detuvieron a descansar en una estancia, sin imaginar lo que iba a suceder. El Señor tenía otros planes. La evangelización de América estuvo marcada por el amor a la Madre de Dios, que siempre dio señales de su compañía y cuidado. Su presencia silenciosa a lo largo de la historia nos acerca al amor misericordioso de Dios. Hoy, en el primer día de la novena, pedimos que su consuelo y su paz lleguen a cada peregrino.
Petición
Madre de Luján, que quisiste quedarte en nuestra tierra como signo de la presencia de Dios: haznos instrumentos de tu paz en la vida cotidiana, para que en nuestra vida se refleje la vida de tu Hijo. Amén.