Novena a Nuestra Señora de Lourdes

Preparando la novena…

Sobre esta novena Las oraciones, el plan de los nueve días y cómo se reza

Novena a Nuestra Señora de Lourdes

Nueve días junto a la gruta de Massabielle: la Inmaculada que llamó a Bernardita nos enseña a rezar, a hacer penitencia y a beber de la fuente de la gracia.

Esta novena a Nuestra Señora de Lourdes se reza tradicionalmente durante los nueve días previos a su fiesta, el 11 de febrero. Son nueve días consecutivos de oración: cada día se medita un aspecto distinto de la devoción y se presenta una petición propia. Si un día se interrumpe, aquí puedes retomarla donde quedaste.

Cómo se reza cada día

  1. Señal de la Cruz
  2. Oración inicial
  3. Meditación del día
  4. Petición del día
  5. 3 Avemarías
  6. Invocaciones
  7. Oración final
  8. Señal de la Cruz

Los nueve días completos

Abre cada día para leer su meditación y su petición. Es el mismo texto que usa el rezo guiado, disponible también sin JavaScript.

  1. Día 1 — La Señora de la gruta La fe

    Meditación

    El 11 de febrero de 1858, Bernardita Soubirous, una niña de catorce años, pobre, enferma de asma y que no sabía leer, fue con su hermana y una amiga a recoger leña junto al río Gave, cerca de la roca de Massabielle. Oyó un ruido como de brisa, levantó la vista y vio en el hueco de la roca a una Señora rodeada de una claridad más brillante que el sol, pero que no dañaba los ojos. Vestía de blanco, con un cinturón azul, un velo blanquísimo y una rosa de oro sobre cada pie; entre sus manos, un rosario de cuentas blancas y cadena de oro. La Señora hizo la señal de la cruz; Bernardita tomó su rosario y empezó a rezarlo, y la visión permaneció hasta que lo terminó. Los designios de Dios son sorprendentes. En un siglo orgulloso, que pretendía haber acabado con todo lo sobrenatural, Dios se sirvió del instrumento más humilde: una niña que solo sabía rezar el Rosario. Con ella confundió a los sabios y confirmó la fe de los sencillos, y en Lourdes el signo permanece: la fuente que allí brota y lo que sus aguas obran lo siguen diciendo. Guardemos nuestra fe de todo lo que pueda empañarla y avivémosla cada día. Pidamos hoy, por medio de esta novena, la gracia que deseamos alcanzar.

    Petición

    ¡Oh Inmaculada María! Te pido humildemente la gracia de que nuestra fe crezca más y más cada día, y que alcances un rayo de luz divina para los que están sentados en las tinieblas del pecado. Extiende el reino de Dios, destierra de entre nosotros todo error, y haz que mi familia, mi pueblo y mi patria tengan siempre como su mayor gloria vivir en la fe de tu Santísimo Hijo, unidos a la santa Iglesia hasta el último suspiro. Con esta intención te rezo las siguientes Avemarías.

  2. Día 2 — «Recemos el rosario» La oración

    Meditación

    El domingo 14 de febrero, con permiso de su madre, Bernardita volvió a la gruta con varias niñas. Llevaban un frasquito de agua bendita. «Recemos», dijo Bernardita, «y pasemos el rosario». De pronto su rostro se transfiguró: la Señora estaba allí. Bernardita la roció con el agua bendita: «Si venís de parte de Dios, acercaos». La Señora se inclinó sonriendo y avanzó hasta el borde de la roca. Bernardita siguió rezando el Rosario, y la Señora parecía acompañarla pasando las cuentas del suyo. La oración es el medio ordinario que Dios ha puesto en nuestras manos para remediar todas nuestras necesidades. «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá», nos dijo Jesús. Nada purifica tanto el entendimiento y el corazón como la oración: es agua de bendición que hace reverdecer los buenos deseos y lava las pasiones. En la gruta, la Virgen no habló todavía; solo rezó. Con su rosario en las manos nos enseña que la primera lección de Lourdes es rezar, y rezar con constancia, porque solo así podremos vernos libres de los lazos que nos tiende el enemigo. Meditemos sobre esto y pidamos hoy, con confianza, la gracia que deseamos alcanzar por medio de esta novena.

    Petición

    ¡Oh Virgen Inmaculada, Santísima Madre mía! Veo las lecciones de vida eterna que me das en la gruta de Lourdes. Me enseñas la oración tan recomendada por tu Santísimo Hijo, y con la complacencia con que pasas las cuentas del rosario que pende de tus manos, mientras Bernardita reza el suyo, me haces entender cuánto amas esta devoción y cuánto te agrada que tus hijos te honren e invoquen con ella. Así lo haré, Señora: desde hoy me propongo no dejar pasar un día sin rezar al menos una parte del santo Rosario. Mantenme constante en este propósito, y que lo rece siempre con fervor y devoción. Te saludo ahora con las siguientes Avemarías.

  3. Día 3 — «Venid aquí durante quince días» El llamado de la Madre

    Meditación

    El 18 de febrero, después de la misa, Bernardita bajó a la gruta con dos mujeres de Lourdes que llevaban papel y tinta. La niña, arrodillada, ofreció a la Señora que escribiera lo que deseaba. La Señora sonrió y habló por primera vez: «No es necesario escribir lo que tengo que decirte. ¿Quieres hacerme el favor de venir aquí durante quince días?». «Os lo prometo», respondió Bernardita. Y la Señora añadió: «Yo te prometo hacerte feliz, no en este mundo, sino en el otro». Y cuando las mujeres preguntaron si les molestaba estar allí, respondió: «Pueden venir; deseo ver aquí mucha gente». Grande es la solicitud de María por los hombres. La Reina del cielo llama, invita, desea que nos acerquemos y le expongamos nuestras necesidades con toda confianza, porque es poderosa ante su Hijo para alcanzarnos el remedio. Si nuestra inteligencia está oscurecida, si nuestra voluntad se apega a lo que nos daña, si estamos en necesidad o tentación, ¿por qué no acudir a la Madre que nos llama con las palabras de su Hijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré»? Ella ama a los que la aman y no se avergüenzan de ser sus hijos. Mostrémonos verdaderos servidores suyos, y pidamos hoy la gracia que deseamos alcanzar por medio de esta novena.

    Petición

    ¡Virgen Santísima de Lourdes! Agradecido por los innumerables beneficios que he recibido por tu mediación, y especialmente por haber bajado del cielo a la tierra para llamarme, me ofrezco de nuevo a tu servicio y te consagro mis potencias y mis sentidos, prefiriendo mil veces morir antes que ofender a tu divino Hijo, mi Redentor y todo mi bien. Confirma, Señora, este buen deseo, y haz que sea fiel devoto tuyo en la tierra para reinar eternamente contigo en el cielo. Para alcanzar este favor te saludo con las siguientes Avemarías.

  4. Día 4 — «Rezad por los pecadores» Oración por los pecadores

    Meditación

    La noticia corrió por toda la comarca. El 21 de febrero, al salir el sol, miles de personas rodeaban la roca de Massabielle. Bernardita atravesó la multitud sin turbarse y se arrodilló. Su rostro se volvió radiante; la boca entreabierta, los ojos fijos en una hermosura que nadie más veía. A su lado, el doctor Dozous le tomó el pulso y declaró: «Esto no es catalepsia ni delirio; aquí hay un hecho que la medicina no explica». De pronto la Señora pareció recorrer la tierra con una mirada triste. «¿Qué tenéis? ¿Qué hay que hacer?», preguntó Bernardita. Y la Madre de la misericordia respondió: «Rezad a Dios por los pecadores». Dos gruesas lágrimas rodaron por las mejillas de la niña, que había visto el dolor de la Virgen. El mundo fue creado para la gloria de Dios y el hombre redimido con la sangre de su Hijo; y sin embargo, cuántas veces los hombres se vuelven contra su Señor: blasfemias, domingos profanados, corazones endurecidos. ¿Qué hacer? Rezar. Se pierden tantas almas cada día… ¿y vamos a quedarnos ociosos? Meditemos en la tristeza de la Virgen en esta aparición y propongámonos disminuir el pecado en nosotros y en los nuestros. Pidamos hoy la gracia que deseamos alcanzar por medio de esta novena.

    Petición

    ¡Oh Madre del amor hermoso, del temor y de la santa esperanza! A tus pies vengo lloroso, avergonzado y confundido. Yo soy quien con mis pecados llenó de amargura tu corazón y de tristeza tu rostro. Pero no quiero desesperar, porque sé que eres toda bondad y que recibes con entrañas de misericordia a todo el que acude a ti arrepentido. A ti vengo, Señora, con el corazón desgarrado por el dolor de mis culpas y resuelto a morir mil veces antes que volver a cometerlas. Vuelve hacia mí tus ojos misericordiosos y sálvame. Mira también con compasión a todos los pecadores y atráelos a la gracia de tu Santísimo Hijo. Por su conversión y salvación te rezo las siguientes Avemarías.

  5. Día 5 — «Bernardita, aquí estoy» Fidelidad en la prueba

    Meditación

    Los hechos de la gruta no dejaban indiferente a nadie. Las autoridades, temiendo el entusiasmo del pueblo, interrogaron a Bernardita, la amenazaron con la cárcel y le prohibieron volver. Ella, sin embargo, sintió una llamada interior tan fuerte que la mañana del 23 de febrero bajó de nuevo a la gruta. Se arrodilló con un cirio en una mano y el rosario en la otra; la Señora la miró con una ternura indescriptible, como si la amara más desde que había sufrido, y la llamó por su nombre. «Aquí estoy», respondió la niña. En aquellos días la Señora le confió secretos para ella sola y le encargó: «Ve a decir a los sacerdotes que quiero que se me edifique aquí una capilla». Jesús nos lo advirtió: «Si el mundo os odia, sabed que antes me odió a mí». Quien quiere ser de Cristo pasa por la tribulación y, a veces, por la burla de los que no creen. Pero en esa lucha no hay que desmayar: tenemos el testimonio de la buena conciencia y la mirada complacida de Dios. Nunca miró la Virgen a Bernardita con ojos más tiernos que cuando la vio perseguida. El Señor permite las pruebas para purificar a sus siervos y darles ocasión de mayores méritos. Nadie amó a Dios como Jesús y María, y nadie sufrió tanto como ellos. Pidamos hoy la gracia que deseamos alcanzar por medio de esta novena.

    Petición

    ¡Santísima Virgen María, Madre mía! A ti me acerco fatigado y sin fuerzas de tanto luchar con las adversidades de la vida. Mi corazón, como frágil barquita, es llevado por los vientos de la tribulación y las olas del mundo, y a cada momento corre peligro de estrellarse en el pecado o hundirse en la desesperación. A ti levanto mis ojos, Estrella del mar: muéstrame el rumbo seguro y guía tú misma la nave, para que no naufrague en el mar de las tentaciones y los trabajos, sino que llegue al puerto feliz de la salvación eterna. Para conseguir esta gracia te saludo con las siguientes Avemarías.

  6. Día 6 — «¡Penitencia, penitencia, penitencia!» Conversión y penitencia

    Meditación

    Entre la multitud del 24 de febrero había curiosos y escépticos que venían a burlarse. Uno de ellos, el señor Estrada, contó después: «Llegué dispuesto a reírme de una farsa. Pero ante la transfiguración de aquella niña, todas mis objeciones cayeron de golpe. Bernardita ya no era Bernardita: era un ángel del cielo. Su manera de hacer la señal de la cruz tenía una nobleza que solo puede verse en quien está delante de Dios». Aquel día Bernardita avanzó de rodillas hasta el fondo de la gruta, y de los labios de la Señora oyó tres palabras, que repitió en voz alta y muchos escucharon: «¡Penitencia, penitencia, penitencia!». Después de pedirnos que recemos por los pecadores, la Virgen nos pide que nos arrepintamos de los nuestros. Esa triple repetición es el grito de alarma de una madre que ve en peligro a su hijo. Viendo las ofensas que se hacen a Dios y los males que el hombre atrae sobre sí, baja a la tierra y nos advierte con solicitud maternal: solo una penitencia humilde y sincera nos librará de ellos. Resuenan las palabras del Bautista: «Haced penitencia, porque el hacha ya está puesta a la raíz del árbol». Grabemos estas palabras en el corazón y pidamos hoy la gracia que deseamos alcanzar por medio de esta novena.

    Petición

    Postrado ante el trono de tu majestad, Dios mío, imploro tu piedad y tu misericordia. Vengo a ti arrepentido, como el hijo pródigo, por haberme alejado de ti con el pecado, y quisiera borrar con mis lágrimas las ofensas que te he hecho. ¡Perdón, Señor! No lo merezco, porque muchas veces desprecié tu gracia y volví a caer; pero hoy siento mi corazón movido por un arrepentimiento especial y por el deseo de no volver a pecar. Y tú, Madre de misericordia, que no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y viva, y que por medio de Bernardita me exhortas a hacer penitencia: ayúdame a hacerla digna y completa. Para que me alcances la gracia de no volver a pecar, te rezo las siguientes Avemarías.

  7. Día 7 — «Ve a beber a la fuente y a lavarte» La fuente y la confesión

    Meditación

    El 25 de febrero, la Señora dijo a Bernardita: «Ve a beber a la fuente y a lavarte en ella». La niña se dirigió hacia el río, pero un gesto de la Señora la detuvo: «No es ahí; la fuente está aquí». Bernardita escarbó con las manos en la tierra del fondo de la gruta y apareció un poco de agua turbia. Tres veces intentó beberla y tres veces la rechazó; a la cuarta, venciendo su repugnancia, bebió, se lavó y comió la hierba que crecía junto a la roca. Muchos se rieron de ella. Pero la Señora la miró con satisfacción, y aquel hilo de agua no dejó de crecer: era la fuente de Lourdes. Grande es el premio de la obediencia. Nada cuesta tanto a nuestro orgullo como humillarnos a confesar nuestros pecados ante el ministro de Dios. Pero si los pecadores supieran las delicias que se esconden en la piscina saludable de la penitencia, correrían a lavarse en ella. Jesús nos dice: «Bebe de esta agua». La paz y la alegría que se hallan en el sacramento de la confesión superan toda paz y alegría humana. Que el principal fruto de esta novena sea, en honor de la Virgen, una buena confesión antes de terminarla. Pidamos hoy la gracia que deseamos alcanzar.

    Petición

    ¡Santísima Virgen María, Madre mía! Al acercarme al final de esta novena que celebro en tu honor, no quiero resistirme más al llamado interior que me invita a sellarla con una buena confesión de todas mis culpas. Sí, quiero confesarme bien para recibir dignamente a tu Santísimo Hijo. Tú, Señora, que me inspiras este deseo, alcánzame la gracia de cumplirlo, para que mi confesión sea grata a los ojos de Dios, mi alma quede enteramente purificada y lleve en adelante una vida cristiana, conforme a su ley. Con esta intención te rezo las siguientes Avemarías.

  8. Día 8 — «Yo soy la Inmaculada Concepción» Pureza y Eucaristía

    Meditación

    El agua que brotó bajo las manos de Bernardita fue creciendo hasta convertirse en una fuente caudalosa. La gente acudía a beber, y enfermos que la ciencia daba por incurables sanaban al bañarse en ella. Todos creían que la Señora era la Madre de Dios, pero ella no había dicho su nombre. El 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, Bernardita se lo preguntó por tres veces; la Señora solo sonreía. A la cuarta súplica, abrió los brazos, los elevó al cielo y dijo en el habla de la región: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Habían pasado apenas cuatro años desde que Pío IX proclamara el dogma, y la niña no entendía aquellas palabras: las repitió por el camino para no olvidarlas. Es digna de consideración la manera en que brotó la fuente: primero gota a gota, luego un hilo, y al fin un manantial. Así obra de ordinario la gracia: nadie se hace santo de golpe. Dios puede transformarnos en un instante, pero suele hacerlo según nuestra cooperación y perseverancia en la oración. ¡Cuántas veces habrá tocado nuestro corazón! Y tenemos una fuente abundante de toda gracia: el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Desde la Hostia, Jesús nos dice: «Venid a mí todos». Acerquémonos a esa fuente del amor divino, y pidamos hoy la gracia que deseamos alcanzar.

    Petición

    ¡Oh Inmaculada María, toda hermosa, pura y sin mancha desde el primer instante de tu Concepción! Alcánzame la pureza de alma y cuerpo y la limpieza de toda culpa, para que pueda acercarme dignamente al Santísimo Sacramento del altar. Como el ciervo sediento corre a las aguas cristalinas, sedienta está mi alma de acercarse a ese sacramento de bondad y de amor. Obtenme, Virgen Santa, tal gracia al recibir a tu Santísimo Hijo en la comunión, que jamás lo eche de mi alma por el pecado; porque sin Jesús, que es mi vida, mi dicha y todo mi consuelo, no puedo vivir ni tener paz en mi corazón. Para conseguirlo te saludo con las siguientes Avemarías.

  9. Día 9 — La Madre que nunca abandona Perseverancia y solicitud maternal

    Meditación

    Dieciocho veces se apareció la Virgen a Bernardita; la última, el 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen. «Nunca la vi tan hermosa», dijo la niña. Después de cuatro años de examen riguroso, el obispo de Tarbes confirmó la verdad de las apariciones por decreto del 18 de enero de 1862. Bernardita se hizo religiosa en Nevers, vivió escondida y enferma, murió en 1879 y fue canonizada en 1933. Desde entonces, millones de peregrinos, y entre ellos incontables enfermos, acuden cada año a la gruta; la Iglesia ha reconocido setenta curaciones inexplicables, y el 11 de febrero se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial del Enfermo. Gran consuelo es considerar la solicitud maternal de María. Nadie puede comprender en esta vida todo lo que ella ha hecho y hace por salvarnos. Madre de la misericordia, es el cauce por donde nos llegan las gracias de Dios: al justo, para que persevere; al pecador, para que no se endurezca, vuelva en sí y se salve. Nosotros, hijos suyos, vivamos como tales cumpliendo las promesas del bautismo: en eso consiste la verdadera devoción a María. Huyamos de lo que nos aparta del camino del cielo, y Dios nos guardará. Pidamos hoy, por última vez en esta novena, la gracia que deseamos alcanzar.

    Petición

    ¡Inmaculada y Santísima Madre de Dios! Altísimas lecciones me has dado en esta novena; saludables y amorosas invitaciones he recibido. No quiero ser ingrato ni obstinado: decididamente me propongo servir a Dios con fidelidad, amarlo con todo el afecto de mi alma y honrarte a ti como a mi Madre queridísima. Imprime estos afectos en mi corazón para que jamás los olvide; obtenme la gracia de perseverar en estos santos propósitos hasta el último suspiro de mi vida, mereciendo ahora y siempre tu protección, hasta que tenga la dicha de gozar en el cielo de las delicias que Dios tiene preparadas para los que lo aman. Para que estos propósitos te sean más gratos, te saludo con las siguientes Avemarías.

Oración inicial

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas: humildemente postrado ante tu divina majestad, te pido que me perdones todas las ofensas e ingratitudes que he cometido contra ti. Reconozco, Señor, que soy indigno de presentarme ante ti; por eso vengo por medio de tu amantísima Madre, a quien ruego que interceda por mí, para alcanzar el perdón de los pecados que de corazón aborrezco y que, con tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén. ¡Oh María Inmaculada, Santísima Virgen de Lourdes! Deseando hacer esta novena con la mayor devoción de mi alma y responder al llamado que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos, me postro a tus pies para escuchar con atención tu voz, exponerte mis necesidades y pedir tus amorosos cuidados. No me rechaces, Madre mía, a pesar de mi indignidad; mira solamente el arrepentimiento que tengo por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu amadísimo Hijo. Ayúdame durante esta santa novena, en la que me propongo purificar mi alma, conseguir por tu intercesión el favor especial que pido a la Divina Majestad (menciona aquí tu petición) y darle gracias por todos los beneficios recibidos. Amén.

Oración final

Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una tosca gruta e instruir a la joven y dichosa Bernardita, te ruego que alegres mi corazón con tu influjo soberano. Y así como hiciste brotar en la gruta de Lourdes aquel manantial riquísimo de aguas cristalinas y saludables para remedio del cuerpo, derrama sobre mi pobre alma las dulcísimas y fecundas aguas de la gracia, que apaguen mi sed de las cosas de la tierra y limpien mi espíritu, para que sea digno de los gozos purísimos del cielo. Amén. Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Virgen de Lourdes, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Invocaciones

¡Virgen de Lourdes, ruega por nosotros! Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu asistencia y reclamado tu socorro haya sido abandonado por ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No deseches, Madre de Dios, mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.