Novena a Nuestra Señora de Fátima

Preparando la novena…

Sobre esta novena Las oraciones, el plan de los nueve días y cómo se reza

Novena a Nuestra Señora de Fátima

Nueve días con la Señora del Rosario que habló a tres pastorcitos: oración, penitencia y el refugio seguro de su Inmaculado Corazón.

Esta novena a Nuestra Señora de Fátima se reza tradicionalmente durante los nueve días previos a su fiesta, el 13 de mayo. Son nueve días consecutivos de oración: cada día se medita un aspecto distinto de la devoción y se presenta una petición propia. Si un día se interrumpe, aquí puedes retomarla donde quedaste.

Cómo se reza cada día

  1. Señal de la Cruz
  2. Oración inicial
  3. Meditación del día
  4. Petición del día
  5. 3 Avemarías
  6. Oración final
  7. Señal de la Cruz

Los nueve días completos

Abre cada día para leer su meditación y su petición. Es el mismo texto que usa el rezo guiado, disponible también sin JavaScript.

  1. Día 1 — «¿Queréis ofreceros a Dios?» Penitencia y reparación

    Meditación

    El 13 de mayo de 1917, tres pastorcitos —Lucía, de diez años, Francisco, de ocho, y Jacinta, de siete— cuidaban el rebaño en la Cova da Iria cuando, sobre una pequeña encina, vieron a una Señora vestida de blanco, «más brillante que el sol». «No tengáis miedo, no os hago mal», les dijo. «Vengo del cielo». Y les hizo una pregunta que cambió sus vidas: «¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?». «Sí, queremos», respondió Lucía. «Entonces tendréis mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo». En el rostro de la Señora, contaría Lucía después, había una leve sombra de tristeza. Es el dolor de una Madre por los pecados de sus hijos. Desde aquel día, los tres niños ofrecieron pequeños y grandes sacrificios: dieron su merienda a los pobres, soportaron la sed, llevaron una cuerda áspera a la cintura, y repetían la oración que ella les enseñó: «Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María». Hoy la pregunta se nos hace a nosotros. Pidamos un dolor sincero de nuestros pecados y la generosidad de repararlos.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores! Al aparecer en Fátima dejaste transparentar en tu rostro celestial una leve sombra de tristeza, para indicar el dolor que te causan los pecados de los hombres, y con maternal compasión nos exhortaste a no afligir más a tu Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Danos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar, con obras de penitencia y mortificación, todas las ofensas que se infieren a tu divino Hijo y a tu Corazón Inmaculado. Amén.

  2. Día 2 — Vestida de blanco Santidad de vida

    Meditación

    La Señora se presentó vestida de blanco, con un manto bordado de oro y un rosario entre las manos. Eligió para hablar al mundo a tres niños que no sabían leer, sencillos e inocentes, que rezaban el Rosario mientras cuidaban las ovejas. En ellos nos enseña cuánto ama Dios la limpieza del alma. El 13 de junio prometió llevar pronto al cielo a Jacinta y a Francisco, y dijo a Lucía: «Tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para que me conozcan y me amen». Francisco murió en 1919 y Jacinta en 1920, después de ofrecer sus enfermedades por los pecadores y por el Santo Padre. La Iglesia los ha reconocido santos: son los niños no mártires más jóvenes canonizados. La santidad no es cosa de pocos. Es la vocación de todo bautizado: vivir en gracia, huir del pecado, cumplir con amor el deber de cada día. La Señora de blanco pidió por medio de los pastorcitos la enmienda de las costumbres y una vida cristiana verdadera. Pidamos hoy la gracia de apreciar la dignidad de nuestro bautismo y de vivir conforme a sus promesas.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, Madre de la divina gracia! Vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales. Amén.

  3. Día 3 — «Rezad, rezad mucho» Amor a la oración

    Meditación

    Un año antes de la Virgen, en 1916, un Ángel se apareció tres veces a los pastorcitos. «No temáis. Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo», les dijo, y postrado en tierra les enseñó: «Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo…». En la segunda visita insistió: «Rezad, rezad mucho. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios». En la tercera les dio la comunión y les enseñó la oración a la Santísima Trinidad. Así los preparó el cielo. Cuando llegó la Señora, su primera petición fue la misma: «Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra». Y lo repitió en cada aparición. Del rosario que llevaba en las manos pendía una cruz: la oración y la cruz van juntas. La oración es el gran precepto que nos permite guardar los demás. Sin ella no vencemos las tentaciones ni conocemos de verdad a Jesucristo. Con ella, hasta un niño puede sostener al mundo. Pidamos hoy el don y el espíritu de oración, y la fidelidad de rezar todos los días.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, vaso insigne de devoción! Te apareciste en Fátima con el santo Rosario pendiente de tus manos y repetías con insistencia: «Rezad, rezad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles al gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para poder observar bien los mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra. Amén.

  4. Día 4 — Rezar por el Papa Amor a la Iglesia

    Meditación

    La Señora pidió a los pastorcitos que rezaran por el Santo Padre. Jacinta, la más pequeña, tomó aquel encargo con todo el corazón: en una visión lo vio arrodillado, llorando, en una casa grande, y desde entonces ofrecía sus sacrificios «por el Santo Padre» con una ternura que conmovía a todos. Francisco se pasaba horas ante el sagrario consolando a «Jesús escondido». Amar a la Iglesia es amar a Cristo en su Cuerpo: en el Papa, en los obispos, en los sacerdotes por cuyas manos nos llegan los sacramentos. El mensaje de Fátima no fue una devoción al margen de la Iglesia: fue examinado por ella durante trece años, reconocido por el obispo de Leiria en 1930 y confirmado por la visita de los Papas. El 13 de mayo de 1981, san Juan Pablo II sufrió un atentado en la plaza de San Pedro; atribuyó su salvación a la Virgen de Fátima e hizo engastar la bala en la corona de su imagen. En Fátima beatificó a Jacinta y Francisco, y allí los canonizó el Papa Francisco en el centenario de las apariciones. Pidamos hoy un amor filial al Papa y a toda la Iglesia.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, Reina de la Iglesia! Exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de tu Hijo y su representante en la tierra. Infunde también en nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos de la vida de la gracia en los sacramentos. Amén.

  5. Día 5 — Salud de los enfermos María, salud de los enfermos

    Meditación

    Desde las primeras apariciones, la gente se acercaba a Lucía con peticiones: un hijo enfermo, un marido en la guerra, una madre paralítica. Ella se las presentaba a la Señora, y la Señora respondía: «A unos los curaré, a otros no. Es necesario que recen el Rosario». No todas las curaciones llegaron; todas las súplicas fueron escuchadas. Jacinta y Francisco conocieron la enfermedad de cerca. La gripe de 1918 los postró a los dos. Francisco murió en su casa, sereno, después de recibir la primera comunión. Jacinta fue llevada sola a un hospital de Lisboa, donde le extrajeron dos costillas sin anestesia suficiente; lo ofreció todo, y murió sola, como la Señora le había anunciado. Nadie vio en ellos amargura: solo la alegría de consolar a Jesús. Hoy Fátima es también un lugar de enfermos: llegan en camillas y sillas de ruedas, y la bendición con el Santísimo pasa entre ellos como en Lourdes. La Virgen no promete quitar toda cruz, pero la abraza con nosotros y nos enseña a cargarla con paz. Pidamos hoy la salud del cuerpo, si conviene, y sobre todo la del alma.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos! Movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en tus apariciones de Fátima, y has convertido ese lugar, santificado por tu presencia, en taller de tus misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A tu Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrándote las enfermedades de nuestras almas y todas las aflicciones y dolencias de nuestra vida. Míralas con compasión y remédialas con la ternura de tus manos, para que podamos servirte y amarte con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser. Amén.

  6. Día 6 — Refugio de los pecadores María, refugio de los pecadores

    Meditación

    El 13 de julio la Señora abrió las manos y los niños vieron, por un instante, el infierno: un mar de fuego con almas que se hundían entre gritos. Jacinta quedó tan impresionada que desde entonces no pensó más que en salvar pecadores: «¡Tantos van al infierno porque nadie reza ni se sacrifica por ellos!». La Señora les había dicho: «Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón». Y les enseñó a añadir después de cada misterio del Rosario: «Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia». En agosto insistió: «Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique y pida por ellas». María no nos habla del infierno para asustarnos, sino como una madre que señala el precipicio. Ella es el refugio: nadie que acuda a ella se pierde. Pidamos hoy horror al pecado y un santo celo por la conversión de los pecadores.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, refugio de los pecadores! Enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar sin cesar al Señor para que los pecadores no caigan en las penas eternas del infierno, y les manifestaste que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infunde en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y despierta en ellas, al mismo tiempo, la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar por su conversión con nuestras oraciones, ejemplos y palabras. Amén.

  7. Día 7 — Alivio de las almas del purgatorio María, alivio de las almas del purgatorio

    Meditación

    En la primera aparición, Lucía se atrevió a preguntar por dos jóvenes de la aldea que habían muerto poco antes. «¿María das Neves está en el cielo?». «Sí, está». «¿Y Amelia?». «Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo». Con esa respuesta sencilla la Señora recordó a los niños, y a nosotros, una verdad de fe que a menudo olvidamos: hay almas que se purifican antes de ver a Dios, y nuestras oraciones pueden aliviarlas. Los pastorcitos lo tomaron en serio. Rezaban y se sacrificaban por los pecadores, sí, pero también por «las almitas del purgatorio», como decía Jacinta, y ofrecían por ellas el Rosario y las pequeñas privaciones de cada día. La Iglesia lo enseña desde siempre: rezar por los difuntos es una obra de misericordia. Y María, Reina del purgatorio, presenta a su Hijo esas súplicas con la ternura de una Madre que quiere a todos sus hijos en casa. Pidamos hoy por nuestros difuntos y por las almas más abandonadas.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, Reina del purgatorio! Enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de tu Corazón maternal todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas: alivia sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para que canten allí perpetuamente tus misericordias. Amén.

  8. Día 8 — «Soy la Señora del Rosario» María, Reina del Rosario

    Meditación

    El 13 de octubre de 1917, bajo una lluvia torrencial, unas setenta mil personas se reunieron en la Cova da Iria porque la Señora había prometido un milagro «para que todos crean». A mediodía apareció a los niños y, por fin, dijo su nombre: «Soy la Señora del Rosario. Quiero que se haga aquí una capilla en mi honor. Que continúen rezando el Rosario todos los días». Y añadió con tristeza: «Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido». Entonces las nubes se abrieron y el sol, como un disco de plata, comenzó a girar, a lanzar luces de colores y a precipitarse sobre la multitud, que gritaba de espanto. Cuando volvió a su lugar, las ropas empapadas estaban secas. Lo vieron creyentes e incrédulos, y lo publicaron hasta los periódicos anticlericales de Lisboa. La Señora que hizo danzar al sol no pidió nada extraordinario: pidió el Rosario de cada día. En sus misterios se contempla toda la Redención; rezarlo es caminar con María por la vida de Jesús. Pidamos hoy la fidelidad de rezar el Rosario todos los días.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María! En tu última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, públicos y privados. Infunde en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el Rosario, para vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser fieles a rezarlo cada día para honrarte, acompañando tus gozos, tus dolores y tus glorias, y así merecer tu maternal protección en todos los momentos de la vida, especialmente en la hora de la muerte. Amén.

  9. Día 9 — El Inmaculado Corazón El Inmaculado Corazón de María

    Meditación

    El 13 de junio, al despedirse, la Señora abrió las manos y, delante de la palma derecha, los niños vieron un corazón rodeado de espinas que lo traspasaban: era su Corazón Inmaculado, herido por los pecados de los hombres y pidiendo reparación. «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón», había dicho. «A quien la abrace le prometo la salvación; estas almas serán queridas por Dios como flores puestas por mí para adornar su trono». Y dejó una promesa que atraviesa todo el mensaje de Fátima: «Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará». Pidió la consagración del mundo a su Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados, que explicó a Lucía años después. Los Papas consagraron el mundo a ese Corazón, y la Iglesia celebra su fiesta al día siguiente del Sagrado Corazón de Jesús. El Corazón de María es el camino más corto hacia el Corazón de Jesús. Quien se refugia en él encuentra consuelo, paz y una mano que lo lleva a Dios. Al terminar esta novena, consagrémonos a ese Corazón y pidamos la gracia de vivir siempre en él.

    Petición

    ¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima! Escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo la ternura de tu Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción a tu Corazón como el medio con el que Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios y como prenda suprema de salvación. Haz, oh Corazón de la más tierna de las madres, que comprendamos tu mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y lo practiquemos siempre con fervor; y que tu Corazón sea nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con tu Hijo Jesús. Amén.

Oración inicial

¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman. ¡Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido; y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores. Oh Santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de tu Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz: confiados en tu misericordia maternal y agradecidos por las bondades de tu amantísimo Corazón, venimos a tus pies para rendirte el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente tu mensaje de amor, y la que te pedimos en esta novena (menciona aquí tu petición), si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra tuya y provecho de nuestras almas. Amén.

Oración final

¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Te suplicamos que, meditando los misterios del santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén. ¡Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia! Dulce Corazón de María, sé la salvación mía. Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros.