Novena por las Almas del Purgatorio

Preparando la novena…

Sobre esta novena Las oraciones, el plan de los nueve días y cómo se reza

Novena por las Almas del Purgatorio

Nueve días de oración por los que se purifican antes de ver a Dios. Un acto de amor por nuestros difuntos y por las almas más olvidadas.

Esta novena a Las Benditas Almas del Purgatorio se reza tradicionalmente durante los nueve días previos a su fiesta, el 2 de noviembre. Son nueve días consecutivos de oración: cada día se medita un aspecto distinto de la devoción y se presenta una petición propia. Si un día se interrumpe, aquí puedes retomarla donde quedaste.

Cómo se reza cada día

  1. Señal de la Cruz
  2. Oración inicial
  3. Meditación del día
  4. Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
  5. Petición del día
  6. Oración final

Los nueve días completos

Abre cada día para leer su meditación y su petición. Es el mismo texto que usa el rezo guiado, disponible también sin JavaScript.

  1. Día 1 — La comunión de los santos Una sola familia

    Meditación

    La fe nos enseña que la Iglesia es una sola en tres estados: los que peregrinamos en la tierra, los que se purifican y los que ya gozan de Dios en el Cielo. Todos formamos una familia unida por el amor de Cristo, y la muerte no rompe ese lazo. Por eso podemos ayudar con nuestra oración a los que ya partieron.

    Petición

    Señor, hazme vivir la comunión de los santos. Que no olvide a mis difuntos, sino que los siga amando con la oración.

  2. Día 2 — Orar por los difuntos Un deber de amor

    Meditación

    Ya el Antiguo Testamento llama «un pensamiento santo y saludable orar por los difuntos, para que queden libres de sus pecados» (cf. 2 Mac 12,46), y desde sus orígenes la Iglesia ha rezado por ellos. Orar por nuestros muertos no es nostalgia: es caridad que cruza el umbral de la muerte y les abre las puertas del Cielo.

    Petición

    Señor, enséñame a rezar por mis muertos como acto de amor. Que mis oraciones y sacrificios alivien su purificación.

  3. Día 3 — La purificación del amor Listos para ver a Dios

    Meditación

    El purgatorio no es un castigo, sino misericordia: es el amor de Dios que termina de purificar al alma para que pueda contemplarlo sin sombra, como quien se salva «pasando por el fuego» (cf. 1 Co 3,15). Santos como Catalina de Génova lo describieron más como un fuego de amor que de tormento. Es el último abrazo que limpia antes del encuentro definitivo.

    Petición

    Señor, purifica a las almas con tu amor y prepáralas para verte. Y purifícame también a mí desde ahora, mientras vivo.

  4. Día 4 — El valor de la Santa Misa El mayor sufragio

    Meditación

    El mayor auxilio que podemos ofrecer a los difuntos es la Santa Misa, donde se hace presente el sacrificio de Cristo por la salvación de todos. Por eso la Iglesia, desde antiguo, ofrece la Eucaristía por los fieles difuntos. Mandar celebrar una Misa por un difunto es darle el mayor regalo que existe en la tierra.

    Petición

    Señor, te ofrezco por las almas el sacrificio de tu Hijo. Que la Eucaristía sea su consuelo y su pronta entrada al Cielo.

  5. Día 5 — Mis difuntos queridos Memoria agradecida

    Meditación

    Hoy rezo de modo especial por los míos: padres, abuelos, amigos, todos los que me precedieron. Les debo tanto. Esta oración es mi modo de seguir cuidándolos y de agradecer el bien que me hicieron. El amor verdadero no caduca con la muerte.

    Petición

    Señor, acuérdate de mis difuntos queridos (los nombro en mi corazón). Dales el descanso eterno y reúnenos un día en tu presencia.

  6. Día 6 — Las almas más olvidadas Caridad con los sin nombre

    Meditación

    Hay almas por las que ya nadie reza, porque no queda quien las recuerde. De ellas se ocupa hoy mi oración. Es la caridad más pura: hacer bien a quien jamás podrá agradecérmelo en esta vida. También por ellas murió Cristo, y ninguna está fuera de su misericordia.

    Petición

    Señor, ten misericordia de las almas más olvidadas, por las que nadie reza. Recíbelas tú, que no olvidas a ninguno de tus hijos.

  7. Día 7 — Ofrecer las cruces del día Sufrimiento con sentido

    Meditación

    No solo con palabras ayudamos a las almas: también ofreciendo por ellas nuestros trabajos, dolores y pequeños sacrificios unidos a la cruz de Cristo, junto con las indulgencias y obras de caridad que la Iglesia nos invita a aplicar por los difuntos. Así, hasta lo que nos pesa se vuelve don de amor que las alivia.

    Petición

    Señor, recibe por las almas las cruces de mi día. Que mis cansancios y dolores, unidos a tu Hijo, sirvan para su descanso.

  8. Día 8 — Ellas también interceden Un amor que vuelve

    Meditación

    Una piadosa tradición enseña que las almas a las que ayudamos no lo olvidan: una vez en el Cielo, interceden agradecidas por sus bienhechores. El amor que sembramos por ellas vuelve a nosotros multiplicado. Nada de lo dado por amor se pierde.

    Petición

    Señor, cuando estas almas lleguen a tu gloria, que rueguen por mí y por los míos. Que el bien que hago vuelva en bendición.

  9. Día 9 — Prepararme para mi propia hora Consagración

    Meditación

    Rezar por los difuntos me recuerda que yo también partiré. Al cerrar la novena pido vivir de tal modo que mi propia muerte sea un encuentro de paz. Quiero llegar con las manos llenas de amor y a quien deje atrás, encomendarlo desde ya a tu misericordia.

    Petición

    Señor, dales a las almas el descanso eterno, y a mí, una santa muerte. Que vivamos y muramos en tu amor, hasta vernos todos en el Cielo. Amén.

Oración inicial

Señor Dios de misericordia, que quieres que todos los hombres se salven: acuérdate de las almas de los fieles difuntos que se purifican en tu amor antes de contemplarte. Recibe esta novena que te ofrezco por ellas, en especial por mis seres queridos y por las más olvidadas. Dales, Señor, el descanso eterno y la luz de tu rostro. Amén.

Oración final

Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Que por tu misericordia, y por los méritos de Cristo, las almas de los fieles difuntos lleguen pronto a contemplarte cara a cara en el Cielo. Amén.