La celda y el fuego — Santa Catalina de Siena

Preparando la lección…

Sobre esta serie Quién fue Santa Catalina de Siena, las lecciones y sus fuentes

La celda y el fuego — 10 días con Santa Catalina de Siena

Catalina nació en Siena, en Italia, en 1347. Era la penúltima de veinticinco hermanos. Su padre, Jacopo Benincasa, teñía telas, y su madre se llamaba Lapa. A los dieciséis años se consagró a Dios como terciaria dominica, pero siguió viviendo en la casa de su familia: rezaba mucho y cuidaba a los enfermos. Aprendió a escribir ya de mayor, y aun así dictó a sus discípulos un libro entero, el Diálogo, y cientos de cartas (381, según san Juan Pablo II) a papas, reyes, soldados, presos y a su propia madre. En 1376 viajó a Aviñón, en el sur de Francia, para hablar con el papa Gregorio XI, que poco después volvió a Roma. Murió en Roma el 29 de abril de 1380, con treinta y tres años. Es santa desde 1461. En 1970 el papa Pablo VI la nombró Doctora de la Iglesia, una semana después que a Teresa de Ávila, y en 1999 Juan Pablo II la nombró una de las patronas de Europa. Esta serie no cuenta su vida: te enseña a rezar como ella enseñaba, con sus propias palabras.

Cómo funciona

Una lección por día: las palabras del santo con su fuente exacta, el pasaje de la Escritura que iluminan, una meditación breve y una «semilla» — una práctica concreta para vivir lo aprendido ese mismo día. Cada lección trae además una oración guiada para rezar ahí mismo lo aprendido. El progreso se guarda en tu dispositivo.

Las lecciones completas

Cada lección conserva la cita verificable, el pasaje de la Escritura, la meditación y la práctica del día.

  1. Día 1 — Un cuarto para Dios dentro de ti Conocerse · Epistolario, Carta 49 (a monna Alessa)

    En los conventos, cada monja tiene su «celda»: un cuarto pequeño para dormir y rezar. Catalina no vivía en un convento, sino en la casa de su familia, en Siena. A una compañera que vivía como ella, consagrada a Dios pero sin convento, le escribe cómo tener un lugar para Dios:

    Hija mía, hazte dos cuartos. Uno de verdad, tu celda, para no andar de aquí para allá si no es por algo necesario, por obediencia o para ayudar a alguien. Y otro por dentro, que lleves siempre contigo: el cuarto donde te conoces tal como eres. Ahí mismo descubrirás lo bueno que es Dios contigo.

    Texto original: «Fa’, figliuola mia, due abitazioni: una abitazione attuale della cella, che tu non vada discorrendo e’ molti luoghi se non per necessità o per obedienzia della priora o per carità. E un’altra abitazione fa’ spiritualmente, la quale porti continuamente teco; e questa è la cella del vero cognoscimento di te, dove trovarai el cognoscimento della bontà di Dio in te.»

    Epistolario, Carta 49 (a monna Alessa)

    Así empieza el libro de Catalina, el Diálogo. Lo primero que cuenta es de dónde sale todo lo demás: de un alma que vive en ese cuarto interior:

    Había un alma con un deseo muy grande: que Dios fuera amado y que todos se salvaran. Llevaba tiempo esforzándose por ser buena, y se había acostumbrado a vivir en su cuarto interior, conociéndose a sí misma, para conocer mejor lo bueno que Dios era con ella. Porque cuando uno conoce, ama; y quien ama quiere seguir la verdad y vivir según ella.

    Texto original: «Levandosi una anima ansietata di grandissimo desiderio verso l’onore di Dio e la salute de l’anime; exercitandosi per alcuno spazio di tempo nella virtú, abituata e abitata nella cella del cognoscimento di sé per meglio cognoscere la bontá di Dio in sé; perché al cognoscimento séguita l’amore, amando cerca di seguitare e vestirsi della veritá.»

    El Diálogo, 1

    Y en la frase siguiente explica qué es rezar:

    Y en nada encuentra tanto gusto ni tanta luz como en la oración: una oración humilde, de todos los días, que nace de conocerse a uno mismo y de conocer a Dios. Porque la oración hecha así une el alma con Dios, siguiendo los pasos de Jesús crucificado. Y el deseo y el amor la unen tanto a Él que la vuelven parecida a Él.

    Texto original: «E perché in veruno modo gusta tanto ed è illuminata d’essa veritá quanto col mezzo de l’orazione umile e continua fondata nel cognoscimento di sé e di Dio (però che l’orazione, exercitandola per lo modo decto, unisce l’anima in Dio, seguitando le vestigie di Cristo crocifixo), e cosí per desiderio e affecto e unione d’amore ne fa un altro sé.»

    El Diálogo, 1

    La Palabra

    Jesús habla de un cuarto con la puerta cerrada. Catalina, que no tenía convento, entendió que ese cuarto también se puede llevar por dentro:

    «Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.»

    Mateo 6, 6

    Jesús pide un rato a solas con Dios. No hace falta un lugar especial: puede ser un rincón dentro de ti, al que vuelves en medio del día.

    Meditación

    No tienes convento. Tienes una casa con ruido, trabajo, un teléfono que suena. Catalina tampoco tenía convento, y aun así le pide a su compañera que se haga un cuarto interior para llevarlo a todas partes. Entra ahí ahora, un momento. No para escapar de tu vida, sino para mirarla con sinceridad: quién eres, qué te pesa, qué has estado evitando. Y fíjate en el final de la carta: en ese cuarto no estás solo. Ahí descubres lo bueno que es Dios contigo. Quien entra a mirarse con sinceridad descubre que Alguien lo estaba esperando.

    Profundidad teológica

    La primera frase del Diálogo explica cómo es la oración de verdad. Es humilde, porque nace de conocerse. Es de todos los días, no solo de un rato. Y mira dos cosas a la vez: cómo soy yo y cómo es Dios. ¿Adónde lleva? A estar tan unido a Dios que uno se vuelve parecido a Él. Catalina lo apoya en unas palabras de Jesús que cita de memoria: «Quien me ame y guarde mi palabra, yo me mostraré a él, y será uno conmigo y yo con él» (cf. Jn 14,21-23). Ese cuarto interior no la encerraba. En el mismo libro, Dios le recuerda que muchas veces la sacó de su cuarto para ayudar a los pobres (Diálogo, 151). Y casi al final le repite: «No salgas nunca de ese cuarto donde te conoces» (Diálogo, 166). Las dos cosas van juntas: se puede salir a la calle sin salir de ese cuarto. San Juan Pablo II lo llamó la «celda interior» de Catalina.

    Para orar hoy

    Busca un momento en que nadie te necesite. No hace falta un lugar especial: tu cuarto interior va contigo. Cierra los ojos y entra. Pregúntate con calma: ¿cómo estoy de verdad hoy? No te juzgues ni te excuses. Solo mírate, como te mira Dios. Ahora da el segundo paso, que Catalina nunca separa del primero: busca en tu vida un regalo de Dios. Estar vivo, alguien que te quiere, que hoy volviste a intentarlo. Su bondad está ahí, contigo. Quédate un momento con las dos cosas juntas, cómo eres tú y lo bueno que es Él, y dile despacio: «Señor, aquí estoy, y aquí estás Tú».

    En pocas palabras

    Hoy Catalina te enseñó dónde se reza: en un cuarto interior que llevas contigo a todas partes. Ahí te miras con sinceridad, tal como eres. Y descubres que no estás solo, porque ahí también está Dios, que es bueno contigo. Para Catalina, rezar es eso: conocerte a ti y conocer a Dios, todos los días, hasta quedar unido a Él.

    Semilla para hoy

    Tres veces hoy, estés donde estés, entra un minuto en tu cuarto interior y di: «Aquí estoy, Señor, tal como soy».

  2. Día 2 — Mirarte a ti y mirar a Dios La humildad · Epistolario, Carta 49 (a monna Alessa)

    En la misma carta, Catalina avisa a su compañera de un peligro. Ese cuarto interior tiene dos partes, y no se pueden separar:

    Son dos cuartos en uno, y si estás en uno tienes que estar también en el otro. Si solo te miras a ti, te hundes y te desanimas. Si solo miras a Dios y te olvidas de cómo eres, te crees mejor de lo que eres. Hay que juntar las dos miradas, hasta que sean una sola.

    Texto original: «…che sono due celle in una, e stando nell’una, ti conviene stare nell’altra, però che in altro modo verrebbe l’anima a confusione o a presunzione. Ché se tu stessi nel cognoscimento di te, verrebbe la confusione della mente; e stando solo nel cognoscimento di Dio, verresti a presunzione. Conviene dunque che sieno conditi l’uno con l’altro, e faccine una medesima cosa.»

    Epistolario, Carta 49 (a monna Alessa)

    En el Diálogo, Dios le explica lo mismo con una imagen. El alma es como un árbol plantado dentro de un círculo de tierra. Y ese círculo es conocerse a uno mismo:

    Las raíces de este árbol tienen que quedarse dentro del círculo, que es conocerte de verdad. Y ese conocerte está unido a mí, que no tengo principio ni fin, como un círculo: por más vueltas que des dentro de él, no encuentras ni el principio ni el final. Si ese conocerte no estuviera unido a mí, ya no sería un círculo: tendría un final, y ese final sería el desánimo.

    Texto original: «Conviensi che la radice di questo arbore, cioè l’affecto de l’anima, stia e non esca del cerchio del vero cognoscimento di sé; el quale cognoscimento di sé è unito in me che non ho né principio né fine, sí come el cerchio che è tondo; ché quanto tu ti vai ravollendo dentro nel cerchio, non truovi né fine né principio; e pure dentro vi ti truovi. […] Ché altrimenti non sarebbe cerchio senza fine né senza principio: anco avarebbe principio, avendo cominciato a cognoscere sé, e finirebbe nella confusione se questo cognoscimento non fusse unito in me.»

    El Diálogo, 10

    Dios le recuerda a Catalina una lucha que tuvo. El demonio quiso convencerla de que toda su vida había sido una mentira, y ella respondió: «Reconozco que mi vida ha sido oscura; pero me esconderé en las llagas de Jesús crucificado y me lavaré en su sangre». Después quiso convencerla de que ya era santa, y ella se hizo pequeña. Hasta que el enemigo se dio por vencido:

    ¡Maldita seas, no hay manera de ganarte! Si te hundo en el desánimo, tú te agarras a la misericordia de Dios. Si te subo a lo alto, tú te pones abajo con humildad. Así que no vuelvo más, porque me golpeas con el palo del amor.

    Texto original: «Maladecta sia tu, ché modo non posso trovare con teco! Se io ti pongo abasso per confusione, e tu ti levi in alto a la misericordia. E se io ti pongo in alto, e tu ti poni abasso, venendo ne l’inferno per umilitá, e intro lo ’nferno mi perseguiti. Sí che io non tornarò piú a te, però che tu mi percuoti col bastone della caritá.»

    El Diálogo, 66

    La Palabra

    Juan escribe a unos cristianos que conocen bien esa voz interior que acusa y hace sentir culpable:

    «En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.»

    1 Juan 3, 19-20

    A veces tu propio corazón te acusa. Juan responde que Dios es más grande que esa voz: te conoce entero, y aun así no te suelta.

    Meditación

    Hay dos maneras de perderse. Una es mirarse solo a uno mismo: los errores, las caídas, lo que no cambia. Esa mirada termina en «yo no tengo arreglo». La otra es mirar solo a Dios y olvidarse de cómo es uno. Esa termina en «yo ya estoy bien». Catalina no ganó su pelea por ser fuerte. La ganó porque miraba las dos cosas juntas: cuando la hundían, miraba la misericordia de Dios; cuando la inflaban, miraba su propia verdad. Haz tú lo mismo hoy. Si algo te hunde, levanta los ojos. Si algo te infla, bájalos. Y nunca te quedes a solas contigo.

    Profundidad teológica

    Con la imagen del árbol, Catalina explica toda la vida cristiana. El árbol es el amor, y solo vive de amor. La tierra donde crece es la humildad, que nace de conocerse. Y lo que lo sostiene por dentro es la paciencia, que según Dios es la señal de que Él vive en esa alma (Diálogo, 10). Sin humildad no hay amor verdadero, y sin amor ninguna virtud se sostiene. Por eso ser humilde no es despreciarse: es verse tal como uno es, bajo la mirada de un Dios que ama. Si te miras sin la misericordia de Dios, te desesperas. Si confías en Dios sin conocerte, te vuelves orgulloso. Las dos cosas juntas son el camino. Es lo primero que Catalina le deseó a su propia madre en una carta: que se conociera de verdad y que conociera lo bueno que Dios era con ella (Carta 1).

    Para orar hoy

    Recuerda un error reciente, algo de lo que no estés orgulloso. No lo repases en detalle: basta con nombrarlo por dentro. No te quedes ahí. Di, como Catalina: «Me escondo en las llagas de Jesús». Imagina ese error en manos de su misericordia, que es mucho más grande. Recuerda ahora algo bueno que hiciste estos días. Tampoco te quedes ahí: di «esto también es tuyo, Señor». Termina juntando las dos cosas: «Soy poca cosa, y tú me amas sin medida. Gracias».

    En pocas palabras

    Hoy aprendiste que conocerte a ti y conocer a Dios van juntos. Si solo te miras a ti, te desanimas. Si solo miras a Dios y te olvidas de tus faltas, te crees mejor de lo que eres. Catalina mira las dos cosas a la vez: soy poca cosa, y Dios me ama sin medida. Eso es la humildad, y de ella nace el amor.

    Semilla para hoy

    Cuando hoy te descubras en un error, no te quedes mirándolo: añade enseguida «pero tu misericordia es más grande».

  3. Día 3 — Rezar con el corazón Las oraciones de siempre · El Diálogo, 66

    Catalina le hace a Dios una pregunta que muchos se hacen: no todos saben rezar en silencio, así que ¿hay que dejar el Padrenuestro, el Avemaría y las oraciones de siempre? Dios le responde que no, pero con una condición:

    Al principio, para no caer en la pereza, el alma tiene que rezar con palabras. Pero que no rece solo con la boca: mientras dice las palabras, que levante el pensamiento hacia mí. Y que piense a la vez en sus faltas, sin detenerse en cada una, y en la sangre de mi Hijo, donde encuentra lo grande que es mi amor y el perdón de sus pecados.

    Texto original: «Debba bene, per non cadere ne l’ozio, quando è ancora imperfecta, andare con l’orazione vocale; ma non debba fare l’orazione vocale senza la mentale: cioè che, mentre che dice, s’ingegni di levare e dirizzare la mente sua ne l’affecto mio, con la considerazione comunemente de’ difecti suoi e del sangue de l’unigenito mio Figliuolo, dove truova la larghezza della mia caritá e la remissione de’ peccati suoi.»

    El Diálogo, 66

    Y enseguida Dios explica cómo mirar las propias faltas mientras se reza, porque ahí hay una trampa:

    No quiero que repase sus pecados uno por uno, sino en general, para que su mente no se ensucie recordando cosas feas. Y que nunca piense en sus pecados sin acordarse también de la sangre de Jesús y de lo grande que es mi misericordia. Si no, se hundirá en el desánimo.

    Texto original: «Non voglio che siano considerati e’ difecti in particulare, ma in comune, acciò che la mente non sia contaminata per lo ricordamento de’ particulari e ladi peccati. […] e non debba avere solo la considerazione de’ peccati in comune né in particulare senza la considerazione e memoria del Sangue e larghezza della misericordia, acciò che non venga a confusione.»

    El Diálogo, 66

    El mismo capítulo trae un aviso que vale para quien reza el Rosario. Dios habla de personas que rezan «más con palabras que con el corazón»:

    Parece que solo les importa terminar muchos salmos y decir muchos padrenuestros. Y cuando completan el número que se habían propuesto, ya no piensan en nada más.

    Texto original: «Le quali non pare che actendano ad altro se none in compire e’ molti salmi e dire i molti paternostri. E compíto el numero che si sonno proposti di dire, non pare che pensino piú oltre.»

    El Diálogo, 66

    La Palabra

    Jesús está a punto de enseñar el Padrenuestro. Antes de darles las palabras, les advierte cómo no usarlas:

    «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.»

    Mateo 6, 7-8

    A Dios no hay que convencerlo a fuerza de palabras: ya sabe lo que te hace falta. Rezar no es amontonar frases, sino hablar con un Padre que ya te escucha.

    Meditación

    Catalina no te pide que dejes tus oraciones de siempre. Te pide que no las reces solo con la boca. El Padrenuestro, el Avemaría, el Rosario son un camino, y Dios mismo dice que hay que recorrerlo. Pero mientras la boca reza, el corazón sube hacia Dios. Y mira dos cosas a la vez: cómo eres tú, sin repasar cada falta, y la sangre de Jesús, donde cabe todo. Son las dos miradas de los primeros días, ahora dentro de cada oración.

    Profundidad teológica

    Así enseña Catalina a pasar de decir oraciones a rezar de verdad. Se reza con palabras, pero el corazón mira dos cosas: nuestras faltas y la misericordia de Dios. Las faltas se miran en general, sin repasar cada pecado, para no llenarse la cabeza de cosas feas. Y nunca sin mirar la sangre de Jesús: un arrepentimiento que no mira el perdón de Dios termina en desesperación. Dios dice que esa es una de las trampas más finas del demonio: hacer pasar por arrepentimiento lo que en realidad te aleja de Él. Por eso pide: «abrid siempre el corazón a mi misericordia, que no tiene medida». Y dice adónde lleva este camino: quien persevera rezando así, pasa de rezar solo con palabras a rezar con todo el corazón. «Pero si solo busca completar su número, no llegará nunca» (Diálogo, 66). Dios no critica rezar muchas oraciones, sino rezarlas sin el corazón. Para quien reza el Rosario es una invitación preciosa: que cada Avemaría sea un acto de amor, y no una cuenta más.

    Para orar hoy

    Vas a rezar un solo Padrenuestro o un Avemaría, como enseña Catalina. Sin prisa: hoy no se cuenta nada. Antes de empezar, piensa un momento en tu vida, sin repasar faltas concretas: «Señor, Tú sabes cómo soy». Y enseguida mira la cruz: «y tu sangre es más grande». Esas dos miradas juntas abren la puerta. Ahora reza despacio, diciendo cada frase a Alguien. Si te distraes, no te enojes: vuelve a pensar en la sangre de Jesús y sigue.

    En pocas palabras

    Hoy aprendiste el primer paso de Catalina para rezar. No hay que dejar las oraciones de siempre: son el camino. Pero mientras la boca reza, el corazón mira a Dios, y mira a la vez tus faltas y su perdón, nunca una cosa sin la otra. Lo que importa no es cuántas oraciones dices, sino con cuánto amor las dices.

    Semilla para hoy

    Reza hoy tu oración de siempre, pero más despacio que nunca y sin contar.

  4. Día 4 — Cuando Dios te toca el corazón Escuchar · El Diálogo, 66

    Dios sigue explicando a Catalina qué hacer con las oraciones de siempre, y describe algo que a muchos les ha pasado:

    A veces una persona se propone rezar muchas oraciones, y mientras reza, yo le toco el corazón. Pero ella, por no dejar sin terminar lo que empezó, sigue de largo, como si fuera malo detenerse. No debe hacer eso, porque es una trampa del demonio. En cuanto sienta que yo le hablo por dentro, que deje las palabras.

    Texto original: «Alcuna volta sará l’anima sí ignorante che, factosi el suo proponimento di dire cotanta orazione con la lingua (e io alcuna volta visitarò la mente sua […]), ed ella, per compire il suo numero, lassa la visitazione di me che sente nella mente, quasi per coscienzia che si fará di lassare quello che ha cominciato. Non debba fare cosí, però che, facendolo, sarebbe inganno di dimonio; ma subbito che sente disponere la mente per mia visitazione […], debba abandonare l’orazione vocale.»

    El Diálogo, 66

    ¿Y cómo es ese toque de Dios? No habla de nada extraordinario. Lo describe así:

    A veces le doy una luz para que se conozca y se arrepienta de sus faltas. A veces le hago sentir lo grande que es mi amor. Y a veces le hago sentir que estoy presente, de distintas maneras, como a mí me parece mejor y según lo que esa persona deseaba.

    Texto original: «alcuna volta in uno lume di cognoscimento di sé con una contrizione del difecto suo; alcuna volta nella larghezza della mia caritá; alcuna volta ponendole dinanzi a la mente sua in diversi modi, secondo che piace a me, la presenzia della mia Veritá, e secondo che essa anima avesse desiderato»

    El Diálogo, 66

    Y para que nadie se quede preocupado, añade:

    Después, cuando termine ese momento, si tiene tiempo puede seguir con las oraciones que se había propuesto. Y si no tiene tiempo, que no se preocupe ni se inquiete. Solo hay una excepción: los sacerdotes y los religiosos, que tienen la obligación de rezar cada día la oración oficial de la Iglesia.

    Texto original: «Poi, passata la mentale, se ha tempo, può ripigliare quello che proposto s’aveva di dire; non avendo tenpo non se ne debba curare, né venirne a tedio né confusione di mente. […] Guarda giá che non fusse l’offizio divino, el quale i cherici e religiosi sonno tenuti e obligati di dire.»

    El Diálogo, 66

    Y lo resume todo en tres palabras que van una detrás de otra:

    Quien reza sin cuidado encuentra poco; quien reza con cuidado encuentra mucho. Porque cuanto más se suelta el alma de lo que la ata y más se une a mí, más me conoce. Y quien más me conoce, más me ama; y cuanto más me ama, más disfruta de mí.

    Texto original: «Chi va con poca prudenzia, e non con modo, poco truova; chi con assai, assai truova; perché quanto l’anima piú s’ingegna di sciogliere l’affecto suo e legarlo in me col lume de l’intellecto, piú cognosce: chi piú cognosce piú ama; piú amando, piú gusta.»

    El Diálogo, 66

    La Palabra

    Samuel es un muchacho que duerme en el templo. Tres veces oye que alguien lo llama y corre a ver al sacerdote Elí. Al final Elí entiende que es Dios quien llama, y le enseña qué responder:

    «El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: «Samuel, Samuel». Respondió Samuel: «Habla, que tu siervo escucha».»

    1 Samuel 3, 10

    Rezar no es solo hablar: también es callar cuando Dios habla. Samuel aprende a dejar de correr y a quedarse escuchando.

    Meditación

    Estás rezando el Rosario y, de pronto, una frase te llega al corazón. Una palabra del Avemaría te hace pensar, o de repente ves algo de tu vida con claridad. Y tú, para no perder la cuenta, sigues adelante. Catalina te dice: detente. No pasa nada si no terminas. Ese momento es justamente para lo que empezaste a rezar. Quédate ahí, en silencio, el tiempo que dure. Luego, si puedes, sigue. Y si no puedes, no te angusties: no has perdido nada.

    Profundidad teológica

    Aquí Catalina enseña algo muy fino. Terminar lo que uno empezó parece fidelidad, pero puede ser una trampa: hace que importe más el número que Dios mismo. Las oraciones de siempre son un camino y no se abandonan; el mismo capítulo lo repite. Pero es un camino que lleva a Alguien, y cuando ese Alguien llega, se le atiende. La excepción de los sacerdotes y religiosos muestra que no se trata de hacer lo que a uno le parezca: las obligaciones se cumplen. Fíjate también en cómo describe Dios su visita: una luz para conocerse y arrepentirse, sentir su amor, notar que está cerca. No habla de nada raro ni extraordinario. Y las tres palabras del final, conocer, amar y disfrutar, explican por qué la oración crece cuando se persevera: amamos lo que conocemos, y disfrutamos de lo que amamos.

    Para orar hoy

    Hoy reza un misterio del Rosario, un salmo o la oración que acostumbres. Pero antes de empezar, decide una cosa: si algo te toca el corazón, te detienes. Reza despacio. Presta atención a lo que dices, como quien busca algo. Si una frase te llega por dentro, para. Repítela en silencio o simplemente quédate con ella. No mires el reloj. Cuando pase ese momento, sigue donde lo dejaste. Y si ya no hay tiempo, termina con un «gracias» y sigue tu día en paz.

    En pocas palabras

    Hoy aprendiste el segundo paso: a veces, mientras rezas, Dios te toca el corazón con una luz, con su amor o haciéndote sentir que está cerca. Cuando eso pase, deja de contar y quédate con Él. Después puedes seguir, y si no hay tiempo, no pasa nada. Las oraciones de siempre son el camino, y el camino lleva a Dios.

    Semilla para hoy

    En tu oración de hoy, deja que una sola frase te detenga, y quédate con ella un minuto entero.

  5. Día 5 — Rezar todo el día El deseo · El Diálogo, 66

    Al final de su enseñanza sobre la oración, Dios lo resume todo en una palabra que aparece en todo el libro: el deseo:

    Ya ves que la oración perfecta no se consigue con muchas palabras, sino con el deseo de amar: el alma se levanta hacia mí sin olvidar cómo es ella. Así, rezar con palabras y rezar en silencio van juntos, como van juntos el trabajo y la oración. Porque, como te dije, el deseo santo es una oración que no se corta nunca: es querer de verdad el bien.

    Texto original: «Adunque vedi che l’orazione perfecta non s’acquista con molte parole, ma con affecto di desiderio, levandosi in me con cognoscimento di sé, condito insieme l’uno con l’altro. Cosí insiememente avará la vocale e la mentale, perché elle stanno insieme sí come la vita activa e la vita contemplativa. […] perché posto t’ho che ’l desiderio sancto è continua orazione, cioè d’avere buona e sancta volontá.»

    El Diálogo, 66

    Y entonces la oración sale de la iglesia y entra en la vida de cada día:

    Fuera de sus ratos de oración, todo lo que la persona hace por amor a los demás, y cualquier tarea que haga con buena intención, también es rezar. Ese amor es la oración que no se corta.

    Texto original: «E fuore della debita orazione sua, ciò che egli fa nella caritá del proximo suo, o in sé per exercizio che egli facesse actualmente di qualunque cosa si fusse, è uno orare. […] El quale affecto di caritá è la continua orazione.»

    El Diálogo, 66

    Al comienzo del libro, Dios ya le había explicado por qué amarlo a Él lleva siempre a amar a los demás:

    Cuando el alma ama de verdad, ese amor sale enseguida hacia los demás. Si no saliera, sería señal de que no era amor de verdad. Por eso os he puesto al prójimo: como a mí no podéis darme nada que me falte, dádselo a los demás.

    Texto original: «E poi che l’ha conceputa per affecto d’amore, subbito la parturisce al proximo suo, ché in altro modo non sarebbe veritá che egli l’avesse conceputa in sé. […] Questo è quel mezzo che io v’ho posto acciò che exercitiate e proviate la virtú in voi: che, non potendo fare utilitá a me, dovetela fare al proximo.»

    El Diálogo, 7

    Y en otro lugar explica por qué el deseo vale tanto para Él:

    Yo soy un Dios sin límites, y quiero que me améis con algo que tampoco tenga límites. Y lo único sin límites que tenéis es el deseo de vuestro corazón.

    Texto original: «Io, che so’ Dio infinito, voglio essere servito da voi con cosa infinita; e infinito altro non avete se non l’affecto e il desiderio vostro de l’anima.»

    El Diálogo, 92

    La Palabra

    Pablo se despide de unos cristianos con tres consejos muy cortos:

    «Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.»

    1 Tesalonicenses 5, 16-18

    Pablo no pide estar todo el día de rodillas. Pide no soltarse nunca de Dios: que el corazón siga mirándolo mientras vives.

    Meditación

    No puedes pasarte el día de rodillas. Tienes que trabajar, cocinar, cuidar de otros. Catalina lo sabía: pasaba los días entre enfermos y cartas. Y aun así, san Pablo pide rezar siempre. La respuesta de Catalina es sencilla: lo que no se corta es el deseo. Si quieres a Dios y quieres el bien, tu corazón sigue rezando mientras tus manos trabajan. El plato que lavas por amor, la paciencia con quien te cansa, la llamada que haces para acompañar a alguien: todo eso, dice Dios, también es rezar.

    Profundidad teológica

    Catalina no dice que baste con hacer cosas buenas y olvidarse de rezar. Dios le pide también un rato fijo cada día para la oración. Hay que tener un tiempo para Dios; y fuera de ese tiempo, el amor convierte en oración todo lo demás. La razón está al comienzo del libro: amar a Dios y amar a los demás es una sola cosa. A Dios no le falta nada, así que el amor que le tenemos se nota en cómo tratamos a los demás. El Catecismo recoge este mismo pasaje: Dios quiso que nos necesitáramos unos a otros, para que cada uno comparta con los demás lo que ha recibido de Él (CIC 1937). Y Dios da una última razón: somos pequeños, pero nuestro deseo no tiene límites, y Él quiere que lo amemos con eso, lo único sin límites que tenemos.

    Para orar hoy

    Elige una frase corta para repetir durante el día. Catalina no da una fórmula: puede ser «Señor, te quiero» o «Todo por ti». Por la mañana, ofrécele a Dios el día entero: «Todo lo que haga hoy, que sea por amor a ti y a los demás». Durante el día, cada vez que empieces algo —al ponerte a trabajar, antes de comer, al salir de casa—, repite tu frase por dentro. Es un segundo. Por la noche, repasa el día y busca un momento en que hayas amado a alguien. Ahí estuvo tu oración. Da gracias por ese momento.

    En pocas palabras

    Hoy aprendiste el tercer paso: la oración que nunca se corta es desear a Dios y querer el bien. Hay que tener un rato cada día para rezar, pero fuera de ese rato todo lo que haces por amor también es oración. Dios quiere que lo ames con lo único sin límites que tienes: tu deseo.

    Semilla para hoy

    Haz hoy un favor que nadie te pida, a alguien que no pueda devolvértelo, y ofréceselo a Dios.

  6. Día 6 — Lágrimas de fuego Cuando no sientes nada · El Diálogo, 91

    En una parte del Diálogo, Dios le explica a Catalina que hay cinco clases de lágrimas. Y ella le pregunta por las personas que quisieran llorar de amor a Dios y no pueden:

    ¿Hay otra forma de llorar, además de llorar con los ojos? Sí: hay un llanto de fuego, que es el deseo verdadero de amar. Esa persona quisiera deshacerse en lágrimas, por dolor de sus faltas y por amor a los demás, y no puede. Pues bien: esa persona tiene lágrimas de fuego, y en ellas es el Espíritu Santo el que llora delante de mí, por ella y por los demás.

    Texto original: «Hacci altro modo che lagrima d’occhio? Sí: ècci un pianto di fuoco, cioè di vero e sancto desiderio, el quale si consuma per affecto d’amore: vorrebbe dissolvere la vita sua in pianto per odio di sé e salute de l’anime, e non pare che possa. Dico che costoro hanno lagrima di fuoco, in cui piagne lo Spirito sancto dinanzi a me per loro e per lo proximo loro.»

    El Diálogo, 91

    Y enseguida tranquiliza a quien se siente seco por dentro:

    Por eso, quien desea llorar y no puede, que no se angustie ni piense que yo lo he abandonado. Que lo siga deseando, pero dejándome decidir a mí si se lo doy o no, según lo que yo vea mejor.

    Texto original: «E però non debba venire a confusione di mente, né debbale parere essere privata di me quella anima che desidera lagrime e non le può avere per lo modo che desidera; ma debbale desiderare con la volontá acordata con la mia e umiliata al sí e al no, secondo che piace a la divina mia bontá.»

    El Diálogo, 91

    Y le explica por qué a veces no se las da:

    A veces no doy lágrimas para que el alma siga delante de mí, humilde, rezando y deseándome. Si le diera lo que pide, no le haría tanto bien como cree: se quedaría satisfecha y dejaría de buscarme con tantas ganas. Porque yo soy el médico, y vosotros los enfermos.

    Texto original: «Alcuna volta Io permecto di non dare lagrime corporalmente, per fare l’anima continuamente stare dinanzi da me umiliata e con continua orazione e desiderio gustando me; ché avere da me quello che essa dimanda non le sarebbe di quella utilitá che essa si crede, ma starebbesi contenta ad avere quello che ha desiderato, e allentarebbe l’affecto e il desiderio con che ella me l’adimandava. […] Però ch’Io so’ medico, e voi infermi.»

    El Diálogo, 91

    La Palabra

    Catalina piensa en este pasaje de san Pablo, que habla de la oración de quien no sabe ni qué decir:

    «Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.»

    Romanos 8, 26

    Cuando no te salen las palabras ni los sentimientos, no estás rezando solo. El Espíritu Santo reza dentro de ti, con un gemido más hondo que cualquier palabra.

    Meditación

    Quizá rezas y no sientes nada. Otros se emocionan en la Misa, lloran con una canción, hablan de lo que sienten. Y tú, nada: el corazón seco como una piedra. Te preguntas si Dios se ha ido, o si alguna vez estuvo. Catalina tiene una respuesta para ti. Ese deseo de sentir, de llorar de amor, de estar más cerca de Dios, ya es un llanto: un llanto de fuego. No sale por los ojos, pero el Espíritu Santo llora en él delante del Padre. No te falta Dios: te está haciendo desearlo más.

    Profundidad teológica

    Catalina habla de cinco clases de lágrimas (Diálogo, 88-89). Van desde el llanto de quien solo tiene miedo al castigo hasta las lágrimas de quien ama a Dios y llora por amor y por la salvación de los demás. Todas salen del corazón; lo que cambia es cuánto amor llevan. Por eso lo importante no es cuánto se llora, sino cuánto se ama: «las lágrimas de fuego no dan menos fruto que las de agua; muchas veces dan más, según la medida del amor» (Diálogo, 91). Cuando Catalina habla de dolor por uno mismo, no quiere decir odiarse: quiere decir dejar el egoísmo, que según ella es la raíz de todo mal. Y la razón que da Dios para la sequedad es la de un médico: si le diera al alma el consuelo que pide, se conformaría con eso y dejaría de buscarlo. La sequedad no es un castigo ni una señal de que Dios se fue. Es parte del tratamiento, y el médico sigue ahí.

    Para orar hoy

    Si hoy te sientes seco por dentro, no lo escondas. Díselo a Dios tal cual: «Señor, no siento nada». Y añade lo que sí hay en ti, aunque sea pequeño: «pero quisiera amarte». Ese «quisiera» es tu lágrima de fuego. Ofrécesela. Quédate un par de minutos en silencio, sin buscar emociones. Piensa que el Espíritu Santo está rezando en ti, aunque tú no lo oigas. Termina dejándole a Dios la decisión, como Él le enseñó a Catalina: «Dame lo que quieras, cuando quieras. Me basta con desearte».

    En pocas palabras

    Hoy aprendiste qué hacer cuando rezas y no sientes nada. Para Catalina, desear amar a Dios ya es un llanto de fuego, y en él reza el Espíritu Santo. A veces Dios no da consuelos para que no te conformes con ellos y lo sigas buscando. No estás abandonado: estás en manos de un médico que sabe lo que hace.

    Semilla para hoy

    Cuando hoy no sientas nada al rezar, di despacio: «Quisiera amarte». Y quédate tranquilo.

  7. Día 7 — Jesús, el puente Los tres escalones · El Diálogo, 26

    Entre 1377 y 1378, Catalina dicta su libro a varios discípulos, que se turnan para escribir. Para explicarle quién es Jesús, Dios le habla de un puente: el camino al cielo estaba cortado, y su Hijo es el puente que lo une de nuevo:

    Este puente, que es mi Hijo, tiene tres escalones. El primero son sus pies, que representan los deseos del corazón: igual que los pies llevan el cuerpo, los deseos llevan el alma. Los pies clavados en la cruz son el escalón para llegar a su costado abierto, donde se ve el secreto de su corazón. Y desde ahí se llega al tercero, que es su boca. Ahí el alma encuentra la paz, después de la gran lucha que tuvo por sus pecados.

    Texto original: «Questo ponte, unigenito mio Figliuolo, ha in sé tre scaloni. […] El primo scalone sonno e’ piei, e’ quali significano l’affecto; però che come i piei portano el corpo, cosí l’affecto porta l’anima. E’ piei conficti ti sonno scalone acciò che tu possa giognere al costato, il quale ti manifesta el segreto del cuore. […] Salito el secondo, giogne al terzo, cioè a la bocca, dove truova la pace della grande guerra che prima aveva avuta per le colpe sue.»

    El Diálogo, 26

    Dios se detiene en el segundo escalón, el costado abierto de Jesús, porque ahí está el secreto de todo:

    Cuando el alma sube por los pies, empieza a sentir el amor del corazón de mi Hijo. Mira ese corazón abierto y encuentra un amor completo, más grande de lo que se puede decir. Un amor completo, porque no os ama para sacar algo a cambio: vosotros no podéis darle nada que le falte. Entonces el alma se llena de amor, al ver cuánto la aman.

    Texto original: «Però che salito in su’ piei de l’affecto, l’anima comincia a gustare l’affecto del cuore, ponendo l’occhio de l’intellecto nel cuore aperto del mio Figliuolo, dove truova consumato e ineffabile amore. Consumato, dico, ché non v’ama per propria utilitá, però che utilitá a lui non potete fare, però che egli è una cosa con meco. Alora l’anima s’empie d’amore, vedendosi tanto amare.»

    El Diálogo, 26

    Y el puente no son solo escalones. Dios lo describe como una construcción, con piedras, mezcla y techo, y con algo más, pensado para los que se cansan:

    Las piedras de este puente están bien puestas, para que la lluvia no detenga a quien camina. ¿Sabes qué piedras son? Son las virtudes verdaderas. Y la mezcla que las une es su propia sangre. El puente tiene un techo, que es la misericordia. Y encima está la Iglesia, como una posada en el camino, que da el Pan de vida y la Sangre de Cristo, para que los que caminan cansados no se queden sin fuerzas.

    Texto original: «Questo ponte si ha le pietre murate acciò che, venendo la piova, non impedisca l’andatore. Sai quali pietre sonno queste? sonno le pietre delle vere e reali virtú. […] egli le mura e intride la calcina, per murarle, col Sangue suo […]. Sí che vedi che ’l ponte è murato, ed è ricoperto con la misericordia, e su v’è la bottiga del giardino della sancta Chiesa, la quale tiene e ministra el Pane della vita, e dá bere il Sangue, acciò ch’e’ viandanti peregrini delle mie creature, stanchi, non vengano meno nella via.»

    El Diálogo, 27

    La Palabra

    Jesús anuncia de qué manera va a morir. Es el versículo que, en el libro de Catalina, abre la explicación del puente:

    «Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.»

    Juan 12, 32

    Jesús habla de la cruz. Clavado en alto no queda lejos de nosotros: se vuelve el camino por el que Dios nos atrae a todos hacia Él.

    Meditación

    Imagina el camino al cielo cortado, sin forma de pasar. Y encima, de un lado a otro, un Hombre con los brazos abiertos. Ese es el puente. No se sube de un salto. Primero te acercas a sus pies clavados, y ahí dejas lo que te arrastra hacia abajo. Luego subes a su costado abierto y ves su corazón, que te ama sin pedir nada a cambio. Y al final llegas a su boca, donde te da la paz. ¿En qué escalón estás hoy? No importa: ya estás en el puente. Y si te cansas, en el camino hay pan.

    Profundidad teológica

    Benedicto XVI lo resumió así: subiendo los tres escalones, «el alma pasa por las tres etapas de todo camino de santificación: el alejamiento del pecado, la práctica de la virtud y del amor, y la unión dulce y afectuosa con Dios» (audiencia general, 24 de noviembre de 2010). Es decir: primero dejar el pecado, después aprender a amar, y al final vivir unido a Dios. El Diálogo explica por qué hacía falta el puente: el pecado de Adán cortó el camino, y nadie podía llegar al Padre sino por Jesús (Diálogo, 21 y 51). Las virtudes son las piedras, pero ninguna se sostiene sola: lo que las une es la sangre de Jesús. Y en el puente está la Iglesia con la Eucaristía, porque nadie llega sin comer. Poco después, Catalina deja de explicar y se pone a rezar: «¡Oh loco de amor! ¡No te bastó hacerte hombre, sino que quisiste también morir! (…) ¡Oh misericordia! Se me encoge el corazón al pensar en ti, porque mire donde mire, no encuentro más que misericordia» (Diálogo, 30). Así termina una buena explicación: rezando.

    Para orar hoy

    Ponte delante de un crucifijo, o imagínalo. Vas a subir los tres escalones despacio. Primer escalón, los pies. Mira los pies clavados de Jesús y deja ahí algo que te tira hacia abajo: un pecado, algo a lo que estás demasiado apegado, un rencor. «Señor, esto te lo dejo». Segundo escalón, el costado. Mira su corazón abierto. No te ama porque le sirvas de algo: te ama gratis. Quédate un momento dejándote querer así. Tercer escalón, la boca. Escucha lo que Jesús dijo a sus amigos al resucitar: «Paz a vosotros». Recíbela, y termina con la oración de Catalina: «¡Oh loco de amor! Mire donde mire, no encuentro más que misericordia».

    En pocas palabras

    Hoy Catalina te mostró a Jesús como un puente, el único camino para llegar a Dios. Se sube por tres escalones: en sus pies dejas el pecado, en su costado descubres cuánto te ama y en su boca recibes su paz. Las virtudes son las piedras del puente, su sangre las une, y la Iglesia te da la Eucaristía para que no te canses en el camino.

    Semilla para hoy

    Mira hoy un crucifijo despacio. En los pies, deja algo que te pesa; en el costado, da gracias; en la boca, pide su paz.

  8. Día 8 — En su preciosa sangre La sangre de Jesús · Epistolario, Carta 21

    Casi todas las cartas de Catalina empiezan igual: «os escribo en su preciosa sangre». Esta va dirigida a un hombre atrapado en un pecado de la carne; quien la copió no puso su nombre, por respeto. Ella no le echa un sermón: le ofrece un lugar donde esconderse:

    Acordaos de Jesús crucificado. Apagad el veneno de vuestras malas inclinaciones pensando en el cuerpo de Jesús, Dios y hombre, azotado por vosotros. Poned los ojos en Jesús crucificado, escondeos en sus llagas, sumergíos en su sangre.

    Texto original: «Abbiate memoria di Cristo crocifisso; spegnete el veleno della carne vostra co’ la memoria della carne fragellata di Cristo crocifisso, Dio e uomo. […] Ponetevi per obiecto Cristo crocifisso, nascondetevi nelle piaghe di Cristo crocifisso, annegatevi nel sangue di Cristo crocifisso.»

    Epistolario, Carta 21

    En el Diálogo, la sangre de Jesús lleva directo a la Eucaristía, el alimento que la Iglesia da en el puente. Y Dios le enseña que se puede comulgar de dos maneras:

    Este alimento da poca o mucha fuerza según el deseo con que se recibe. Y se puede recibir de dos maneras. Una es comulgar en la Misa. La otra es comulgar con el deseo: deseando recibir a Jesús y pensando en su sangre derramada en la cruz.

    Texto original: «Questo cibo conforta poco e assai, secondo el desiderio di colui che ’l piglia, in qualunque modo el piglia, o sacramentalmente o virtualmente. Sacramentalmente è quando si comunica del sancto Sacramento; virtualmente è comunicandosi per sancto desiderio: sí per desiderio della comunione, e sí per considerazione del sangue di Cristo crocifixo.»

    El Diálogo, 66

    A su sobrina Nanna, que vivía en Florencia, le escribe cómo mantener encendido el corazón. Y le pide sobre todo que no olvide una cosa:

    Recuerda siempre todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y sobre todo que nos rescató con su sangre. Porque Jesús, hija mía, no nos rescató con oro ni con plata, ni con perlas ni piedras preciosas, sino con su sangre preciosa.

    Texto original: «avendo sempre in memoria e’ benifizii di Dio, e massimamente el benifizio del sangue per lo quale siamo ricomprati, però che Cristo benedetto, figliuola mia, non ci ricomprò d’oro né d’argento, né di perle o d’altra pietra preziosa, anco ci ricomprò del sangue suo prezioso.»

    Epistolario, Carta 23 (a Nanna, su sobrina)

    La Palabra

    Pedro recuerda a los cristianos cuánto costó su libertad. Catalina, en la carta a su sobrina, repite este pasaje casi palabra por palabra:

    «Pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo.»

    1 Pedro 1, 18-19

    Nadie te compró con dinero. El precio de tu libertad fue la vida entera de Jesús, entregada hasta la última gota.

    Meditación

    Hay heridas que da vergüenza mostrar, y caídas que se repiten. Catalina le escribe a un hombre así y no le echa un sermón. Le propone tres gestos: pon los ojos en Jesús crucificado, escóndete en sus llagas, sumérgete en su sangre. Haz la prueba ahora. Toma eso que te pesa y no lo mires a solas: míralo delante de la cruz. Esa sangre no se derramó por los que ya eran buenos. Se derramó por ti, por esto mismo. No te escondas de Jesús: escóndete en Él.

    Profundidad teológica

    El papa Pablo VI se preguntó: «¿quién habló de la sangre de Cristo tanto como Catalina?». Para ella, la sangre de Jesús no es una devoción más: es la prueba de hasta dónde llega su amor, y la llave que abrió el cielo (Diálogo, 27). Por eso empezaba sus cartas nombrándola, y por eso, cuando el demonio quería hundirla, respondía que se lavaría en esa sangre (Diálogo, 66). Comulgar con el deseo no reemplaza a la comunión en la Misa: al contrario, nace de las ganas de recibirla. Pero enseña dos cosas. La primera: la comunión da más fruto cuanto más se desea. La segunda: quien un día no puede comulgar —porque está enfermo o lejos de una iglesia— no se queda fuera: puede unirse a Jesús deseándolo y pensando en su sangre. Y quien mira la sangre de Jesús deja de medir su pecado por lo que pesa, y empieza a medirlo por el amor que lo perdona.

    Para orar hoy

    Si hoy puedes ir a Misa, ve con esta intención: al comulgar, recuerda que ese Cuerpo y esa Sangre son el precio de tu libertad. Si no puedes, haz lo que Catalina llama comulgar con el deseo. Recógete un momento y dile a Jesús que quieres recibirlo. Luego mira la cruz y piensa en la sangre que Jesús derramó por ti. Lleva ahí lo que te avergüenza, como aconseja Catalina: escóndete en sus llagas. Termina con las palabras con que Catalina empezaba sus cartas, «en su preciosa sangre», y da gracias como quien acaba de recibir a alguien en casa.

    En pocas palabras

    Hoy Catalina te llevó a la sangre de Jesús. Ella la nombraba al comienzo de sus cartas porque ahí se ve cuánto nos ama Dios: pagó por nosotros con su vida. Esa sangre la recibimos en la Eucaristía, y quien no puede comulgar puede unirse a Jesús con el deseo. Y cuando algo te pese o te avergüence, no lo cargues solo: escóndete en sus llagas.

    Semilla para hoy

    Antes de dormir, pon delante de la cruz lo que hoy más te pesó y di: «Jesús, lávame en tu sangre».

  9. Día 9 — Rezar por todos Rezar por los demás · El Diálogo, 1

    El Diálogo empieza con una oración de Catalina pidiéndole cosas a Dios. En la primera página cuenta cómo empezó a pedir aquel día, y por qué empezó por ella misma:

    Queriendo conocer y seguir la verdad con más valentía, empezó pidiendo por ella misma. Porque nadie puede ayudar de verdad a los demás, ni con sus palabras, ni con su ejemplo, ni con su oración, si antes no se deja cambiar por Dios. Y así le pidió al Padre cuatro cosas.

    Texto original: «…volendo piú virilmente cognoscere e seguitare la veritá, levando il desiderio suo, prima per se medesima (considerando che l’anima non può fare vera utilitá di doctrina, d’exemplo e d’orazione al proximo suo se prima non fa utilitá a sé, cioè d’avere e acquistare la virtú in sé) domandava al sommo ed etterno Padre quattro petizioni.»

    El Diálogo, 1

    Y enumera las cuatro, en círculos cada vez más grandes:

    La primera, por ella misma. La segunda, para que la Iglesia se renovara. La tercera, por el mundo entero, y sobre todo por la paz entre los cristianos. Y en la cuarta le pedía a Dios que cuidara de todo, y en especial de un problema concreto que había ocurrido.

    Texto original: «La prima era per se medesima; la seconda per la reformazione della sancta Chiesa; la terza generale per tucto quanto il mondo, e singularmente per la pace dei cristiani […]. Nella quarta dimandava la divina providenzia che provedesse in comune, e in particulare in alcuno caso che era adivenuto.»

    El Diálogo, 1

    Dios le explica que rezar por los demás es una forma de amarlos que está al alcance de todos:

    Quien ama les hace bien a los demás con muchas oraciones, hechas con cariño, buscando que Dios sea amado y que todos se salven. Quien ama la verdad no se cansa nunca de hacer el bien a todos y a cada uno, poco o mucho, según lo que el otro pueda recibir y según las ganas de quien da.

    Texto original: «facendo fructo in lui di molte e sancte orazioni con dolce e amoroso desiderio, cercando l’onore di me e la salute de l’anime. Non si ristá mai l’anima inamorata della mia veritá di fare utilitá a tucto el mondo, in comune e in particulare, poco e assai, secondo la disposizione di colui che riceve e de l’ardente desiderio di colui che dá.»

    El Diálogo, 7

    Y el libro termina como empezó: después de pedir para ella, Catalina pide por todos:

    Esto mismo te pido de corazón para todas las personas, para todos y para cada uno, y para tu Iglesia. Reconozco, y no lo niego, que me amaste antes de que yo existiera, y que me amas más de lo que se puede decir, como loco de amor por lo que tú creaste.

    Texto original: «Questo medesimo t’adimando cordialmente per ogni creatura che ha in sé ragione, e in comune e in particulare e per lo corpo mistico della sancta Chiesa. Io confesso, e non lo niego, che tu m’amasti prima che io fusse, e che tu m’ami ineffabilemente come pazzo della tua creatura.»

    El Diálogo, 167

    La Palabra

    Pablo escribe a Timoteo, que cuida de una comunidad cristiana, y le dice qué es lo primero cuando se reúnan a rezar:

    «Ruego, pues, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto. Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.»

    1 Timoteo 2, 1-4

    La oración cristiana no se queda en uno mismo: abraza a todos, también a los que gobiernan. Dios quiere que todos se salven, y nos invita a pedirlo con Él.

    Meditación

    Mira el orden de Catalina: primero por ella misma, luego por la Iglesia, luego por el mundo entero, y al final por un problema concreto que le dolía. Como una piedra que cae al agua y hace círculos cada vez más grandes. No empieza por ella por egoísmo, sino porque nadie da lo que no tiene. Y no se queda en ella, porque un corazón que ama no se encierra en sí mismo. ¿Por quién rezas tú? Quizá tu oración se ha quedado en tu propio círculo. Hoy Catalina te invita a agrandarlo.

    Profundidad teológica

    Estas cuatro peticiones no son un detalle de la primera página: gran parte del Diálogo es la respuesta de Dios a cada una. Todo el libro nació de una oración por los demás. Y Catalina explica por qué empezó por ella: nadie puede ayudar de verdad a los demás si antes no se deja cambiar por Dios. No es egoísmo: quien le pide a Dios que lo haga mejor, lo pide para poder dar más. Su oración por la Iglesia no se quedó en palabras. La vivió: fue a Aviñón a hablar con el papa Gregorio XI, y pasó en Roma sus últimos años, en tiempos muy difíciles para la Iglesia, hasta su muerte. Para Catalina, rezar por la Iglesia y por el mundo era también trabajar por ellos. Y su última petición, por un problema concreto, enseña que rezar por el mundo no quita rezar por lo pequeño: a Dios se le confía todo, también el problema de hoy.

    Para orar hoy

    Vas a rezar como Catalina, en cuatro círculos. Habla con tus palabras, sin prisa. Primer círculo, tú: «Señor, cámbiame y dame lo que me falta para poder amar a los demás». Dile qué te falta. Segundo círculo, la Iglesia: el Papa, tu obispo, tu parroquia, los sacerdotes que conoces. Reza por ellos por su nombre. Tercer círculo, el mundo: un país en guerra, los que sufren hoy, los que no conocen a Dios. Y el cuarto: ese problema concreto que te duele. Déjalo en manos de Dios.

    En pocas palabras

    Hoy aprendiste a pedir como Catalina, en círculos cada vez más grandes: primero por ti, para tener algo que dar; luego por la Iglesia, por el mundo entero y por ese problema concreto que te preocupa. Rezar por los demás es una forma de amarlos que está al alcance de todos. Todo el libro de Catalina nació de una oración así.

    Semilla para hoy

    Escribe hoy en un papel el nombre de tres personas y una intención por el mundo, y reza por ellas cada día de esta semana.

  10. Día 10 — Fuego El fuego del amor · Epistolario, Carta 368 (a Stefano Maconi)

    Es el año 1378 y la Iglesia vive tiempos difíciles. Catalina escribe a Stefano Maconi, uno de los discípulos que escribían su libro mientras ella dictaba. Le encarga una misión en Siena, junto con sus compañeros:

    Pon el corazón entero en esta tarea, sin tibieza. Si sois lo que debéis ser, pondréis fuego en toda Italia, y no solo ahí.

    Texto original: «Fa’ che tu sia fervente, e non tiepido, in questa operazione. […] Se sarete quello che dovete essere, mettarete fuoco in tutta Italia, non tanto costì.»

    Epistolario, Carta 368 (a Stefano Maconi)

    Catalina no termina su libro con una conclusión, sino con una oración de acción de gracias. La Iglesia la lee cada 29 de abril, el día de su fiesta:

    ¡Oh Trinidad eterna! ¡Oh Dios, que diste valor infinito a la sangre de tu Hijo! Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo, en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Nunca me canso de ti: cuanto más te tengo, más hambre tengo de ti, y más deseo verte cara a cara.

    Texto original: «O Trinitá etterna! O Deitá, la quale Deitá, natura tua divina, fece valere el prezzo del sangue del tuo Figliuolo! Tu, Trinitá etterna, se’ uno mare profondo, che quanto piú c’entro tanto piú truovo, e quanto piú truovo piú cerco di te. Tu se’ insaziabile, ché, saziandosi l’anima ne l’abisso tuo, non si sazia, perché sempre rimane nella fame di te, Trinitá etterna, desiderando di vederti col lume nel tuo lume.»

    El Diálogo, 167

    Y un poco más adelante, en la misma oración, se ve de dónde viene el fuego de la carta a Stefano:

    ¡Oh Dios eterno, mar profundo! ¿Qué más podías darme que darte a ti mismo? Eres un fuego que siempre arde y nunca se apaga. Eres un fuego que quema todo egoísmo y quita toda frialdad. Tú iluminas, y con tu luz me has hecho conocer la verdad.

    Texto original: «O abisso, o Deitá etterna, o mare profondo! E che piú potevi dare a me che dare te medesimo? Tu se’ fuoco che sempre ardi e non consumi; tu se’ fuoco che consumi nel calore tuo ogni amore proprio de l’anima; tu se’ fuoco che tolli ogni freddezza; tu allumini; col lume tuo m’hai facta cognoscere la tua veritá.»

    El Diálogo, 167

    La Palabra

    Jesús va camino de Jerusalén, donde lo espera la cruz, y deja salir lo que lleva dentro:

    «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!»

    Lucas 12, 49

    El fuego es el amor de Dios, que Jesús quiere encender en el mundo. Y no lo enciende solo: lo pasa de corazón en corazón.

    Meditación

    Catalina no le pide a Stefano cosas extraordinarias. Le pide que sea lo que tiene que ser. El fuego no nace de hacer grandes esfuerzos: nace de ser fiel a lo que Dios ya puso en ti. Mira estos diez días: el cuarto interior, las dos miradas, rezar con el corazón, el toque de Dios, el deseo, las lágrimas de fuego, el puente, la sangre de Jesús, los cuatro círculos. No son diez temas distintos: es un solo fuego. Si vuelves a tu cuarto interior, deseas a Dios y amas a quien tienes cerca, algo empieza a arder. Y el fuego, por naturaleza, se contagia.

    Profundidad teológica

    Esta frase se ha hecho famosa de otra forma: «prenderéis fuego al mundo entero». Pero así la dijo san Juan Pablo II a los jóvenes en el año 2000, y él mismo aclaró que estaba cambiando un poco las palabras de Catalina. Ella escribió «toda Italia», a un grupo concreto de amigos y para una tarea concreta. En la misma carta les recuerda el aviso de Dios contra los tibios, los que viven la fe a medias (Ap 3,15-16). Eso la hace más cercana: el fuego empieza donde estás, con tu gente, y desde ahí se extiende. Y ese fuego no es de Catalina ni de Stefano. La oración final del Diálogo lo dice: el fuego es Dios mismo, que arde sin apagarse, quema el egoísmo y quita toda frialdad. Por eso el fervor no es entusiasmo ni fuerza de carácter: es tener sed de Dios. Quien se asoma a ese mar profundo no deja de buscarlo, y tampoco puede dejar de contagiarlo.

    Para orar hoy

    Para terminar, reza con las palabras con que Catalina terminó su libro. Léelas despacio, en voz baja: «Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo, en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco». Luego repasa estos diez días, como quien pasa las cuentas del Rosario: el cuarto interior, las dos miradas, rezar con el corazón, el toque de Dios, el deseo, las lágrimas de fuego, el puente, la sangre de Jesús, los cuatro círculos. Elige uno solo, el que más te haya llegado, para vivirlo durante el próximo mes. Y pide lo que Catalina pedía para Stefano: «Señor, que sea lo que tengo que ser». Con eso basta para empezar a arder.

    En pocas palabras

    Hoy terminas el camino con la frase más conocida de Catalina: si sois lo que debéis ser, pondréis fuego en toda Italia. No hace falta hacer cosas grandes; hace falta ser fiel a lo que Dios te pide donde estás. Y ese fuego no sale de ti: es Dios mismo, que arde sin apagarse y quita toda frialdad. Quien reza, desea a Dios y ama a los demás termina encendiendo a otros.

    Semilla para hoy

    Piensa en alguien cercano que se ha enfriado en la fe y haz hoy algo concreto por esa persona: una oración, un mensaje, una visita.

Sobre las fuentes

Catalina escribió en el italiano de su época, que hoy cuesta leer incluso en Italia. Por eso sus palabras aparecen aquí en un español sencillo, fiel a lo que ella quiso decir, y debajo de cada cita se puede abrir el texto original, con su fuente exacta. Donde la Santa Sede ya había traducido un pasaje —Benedicto XVI, san Juan Pablo II, el Catecismo, la Liturgia de las Horas—, se ha partido de esa traducción. El Diálogo se cita por la numeración de capítulos de Cavallini (texto de la edición Fiorilli, 1912) y las Cartas por la de Tommaseo (texto de la edición Volpato). Los textos bíblicos siguen la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.